Bonita y severa pinrrelada por la Sierra de Castril

6 enero, 2015 / Andanzas / 3 Comentarios

Autores:

Salazar, J.I. Instituto del Andarín. c/ Curiosidad s/n. Sebastopol.

Gelu. Instituto Anatómico Porrense. Picus d’Uropa. Asturies (Patria Querida)

Góngora, I. Centro de Estudios Himaláyicos. Avda. de las Cumbres, 7. Tíbet.

Campoy, E. Estación Experimental de Varias Cosas. c/ Oteaderos, 234 4ºA. Managua.

López-Gay, J. Utopian Center. Michigan Av. COL (USA)

Berbel, J. Centro de Ciencias Inconscientes. Crtra. Mistral, 8. Toletum.

Valderrama, J.M. École de la Vie. Sin dirección permanente. * Corresponding author[1].

 

“Karstificado sea tu nombre” Vázquez, J. (2004)

“¡Recortando silueta!” Salazar, J.I. (2012)

Cítese este trabajo como:

Salazar, J.I.; Gelu; Góngora, I., Campoy, E.; López-Gay, J.; Berbel, J.; Valderrama, J.M. 2015. Bonita y severa pinrrelada por la Sierra de Castril. Pedruschian geomorphology. En revisión[2].

Resumen.

En este trabajo se describe un recorrido por la sierra de Castril. A lo largo de dos jornadas, y de la mano de la vieja guardia del Club Almeriense de Montañismo (CAM), hemos caminado sus barrancos y cumbres, poniendo en valor las olvidadas y magníficas sierras béticas. La principal conclusión de nuestra breve expedición es que hay que volver y que pinrreladas de este orden de magnitud afianzan los lazos de amistad y compañerismo entre los componentes del grupo.

Palabras clave: patear, pinrrelada, Castril, amigos, karst, filetes empanados, con un par

 

Introducción.

Las pedregosas sierras calcáreas del sureste peninsular encierran sorpresas difíciles de imaginar. García Gallego (1998) señala en su magna obra excursiones y recorridos que han servido de inspiración a varias generaciones de andarines y mentes inquietas (véase por ejemplo Salazar, 1999 o Vázquez, 2004). Desde Cazorla a la Sierra del Segura, pasando por la de Castril, objeto de la maniobra, encontramos parajes deshabitados, agrestes y con unos activos naturales de gran valor.

No en vano, y como señala Vázquez (2006) en su jugosa exploración de estas apartadas sierras, la región ha actuado como proveedora de recursos hídricos y forestales desde hace siglos. Así, la Armada Española utilizaba la madera de sus extensos bosques para construir sus naves y el aprovechamiento hídrico de sus bien nutridos ríos, como el del Taibilla, continúa hasta nuestros días.

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Figura 1. Paredes que cierran el Barranco de la Magdalena

La Sierra de Castril, protagonista de este artículo, es un buen representante de ese cogollo de sierras con alturas moderadas y desniveles severos. Es un lugar que nos interesa, y las razones son varias, a saber: es un lugar remoto y no va ni dios, lo cual ya es un punto a favor dada nuestra inclinación por los parajes solitarios y poco perturbados (Valderrama et al., 2013; Góngora et al., 2011; Valderrama, 2011). El segundo motivo tiene que ver con la fabulosa colección de lugares anónimos que esconde su engañoso aspecto árido. Por último, la orografía es propicia para pegarse un buen palizón, cosa que necesitamos de vez en cuando.

El objetivo de esta excursión es, sencillamente, airearnos y vaciar la cabeza de malos rollos. Nada mejor para ello que buena compañía (Campoy, 2007), oxigenar los pulmones, y unas pequeñas dosis de incertidumbre (como por ejemplo no saber dónde dormir o si va a llover). En la siguiente sección se presentan los medios utilizados para esta severa pinrrelada (Del caló pinré; vulgarmente pie, según RAE, 2014; pinrrelada sería caminata). A continuación echaremos un vistazo a los resultados alcanzados y cerraremos la exposición con una serie de conclusiones.

 

Material y métodos

Respecto al material empleado para llevar a cabo la pinrrelada podemos considerar los siguientes apartados:

  • Equipación básica. Ropa, muy ecléctica, dadas las impredecibles condiciones meteorológicas. Mochila, bastones ─sumamente útiles en esta sierra─, saco de dormir, funda de vivac y todas esas cosillas que siempre se llevan. Tampoco hay que ponerse muy puntilloso; se conocen casos de supervivencia de gente olvidadiza (López-Gay, 2006).
  • Orientación. Especialmente importante en la sierra de Castril, dada la cantidad de despeñaderos que tiene. Algo propio de las sierras calizas, en las que el agua diluye el material rocoso dando lugar a dolinas, agujeros escondidos y todo tipo de trampas (González-Martín et al., 2014). Al caer la noche o la niebla las cosas pueden ponerse peliagudas. Por eso es importante contar con GPS. Aunque lo mejor es llevar a un guía experto que conozca la zona y pueda elegir vías de escapada ante imprevistos y conozca refugios y puntos de agua (Salazar 1999 y 2012).
  • Alimentación. La típica mezcla de productos del Mercadona que incluye todas esas cosas que nunca llevarías a casa pero que, con la excusa de caminar, llevas al campo: fuets, bolsas de kikos, chocolate, bizcochos, vamos, todo lo que tenga calorías y potenciadores de sabor. Afortunadamente los más talluditos, la vieja guardia, siempre pone un punto de cordura, aportando comida casera. Sin duda aquí las estrellas son los filetes empanados y la tortilla de patatas. Esto es muy importante.
  • Extras y condimentos. Son elementos que hacen confortable la estancia en lugares normalmente incómodos. Contamos en nuestro equipo con uno de los expertos más acreditados en los foros internacionales. Sus trabajos (Gelu y Salazar, 2005; Gelu, 2002; Gelu y Mirabete, 1986; Salazar et al., 2008) son bien conocidos en el mundillo. Como somos profesionales no faltan las petacas, rellenas de diversos y sabrosos brebajes. Especialmente relevante para este trabajo ha resultado el Luis Felipe, un brandy con mucho cuerpo (Berbel, 1997) y los consejos tomados de Paloma y Gelu (1990).

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Figura 2. Equipo & Equipaje

El método es esencial para tener éxito. Algo básico es que cada uno tiene que andar a su ritmo. Esto hace que el grupo se estire y haya que poner cuidado en reunirse cuando hay desvíos u oscurece.

Los avituallamientos son imprescindibles para mantener la camaradería y la energía. Hay varias categorías: (i) Los más livianos son aquellos compuestos por frutos secos y tragos de agua; (ii) Después, por orden de importancia, vienen los picoteos, en los que uno se quita la mochila y se comparten viandas tales como embutidos, pan, más frutos secos y cosas así; (iii) A continuación tenemos las comidas calientes, normalmente desayunos y cenas, donde los infiernillos son fundamentales para dar un punto de bienestar a la pinrrelada; (iv) Por último tenemos las imprescindibles tapas y cervezas en el bar al que se llegue después de estar metido en el monte. Eso, señores, no se perdona.

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Figura 3. Una cerveza con su tapa. Sin alcohol, que hay que conducir de vuelta.

 

Resultados

El resultado más evidente de este trabajo podemos verlo en la figura 4. En ella puede apreciarse que la pinrrelada es un barrido bastante exhaustivo de la sierra, como para hacerse una idea de sus posibilidades.

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Figura 4. Track de la pinrrelada.

De la mano de nuestro guía, el insigne Salazar, hemos prospectado ambientes muy variados, tales como los característicos cantiles karstificados que aportan el carácter abrupto a la sierra, zonas con vegetación más abigarrada y heterogénea de lo que la espartana climatología pueda insinuar o los impresionantes barrancos, como el de Túnez, que pueden ser, sin lugar a dudas, uno de los más espectaculares de todo el sistema bético.

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Figura 5. Barranco de Túnez

Si interpretamos el recorrido verticalmente entonces el balance resulta especialmente interesante. Baste una pequeña muestra: la primera etapa nos reservaba un desnivel positivo acumulado de mil quinientos metros, sustanciados principalmente en el hecho de poner el pie en las dos principales cumbres de la sierra, La Carrasca (1.920) y la Empanada (2.106).

Puesto que el recorrido fue circular y todo lo que sube baja (Newton, 1687), está de más decir que los descensos fueron severos y castigaron las rodillas.

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Figura 6. Perfil de la primera etapa.

Pero quizás el logro más notable haya sido el de reforzar los lazos de amistad del grupo. Siempre que se comparten horas de acampada y de andar se abre un espacio para la complicidad. Dos hechos contribuyeron especialmente a intensificar este efecto: (i) se nos hizo de noche y hubo que reagruparse para poder bajar un barranco complicado incluso a la luz del día; (ii) los variados líquidos espirituosos y sustancias adictivas sirvieron para relativizar los efectos del viento huracanado que nos envolvía.

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Figura 7. Esos ratos de complicidad en la montaña

Conviene señalar la pericia y saber hacer de uno de los expedicionarios, que logró liar un porrillo en unas condiciones francamente complicadas, con rachas de viento que superaron los 70 km/h. No obstante es un reconocido experto, a nivel mundial, en la materia (véase por ejemplo Gelu et al., 1986).

 

Discusión y Conclusiones

La perversa mezcla de alimentos ─al azar y destiempo─ va degenerando la flora intestinal dando lugar a sonoras ristras de pedos, en muchos casos malolientes. Esto es un hecho y existen en la literatura suficientes referencias de acreditados expertos en la materia (Valderrama, 2005 y Gelu, 1991). Este trabajo no hace sino confirmarlo.

También hemos podido comprobar que andar con una mochila subiendo cuesta arriba resulta cansado. En nuestro experimento, que contaba con siete individuos y siete mochilas, hemos encontrado una correlación positiva (r = 0.97) entre horas de andar, fatiga muscular y cansancio. Cabe señalar que Salazar (1999) ha encontrado resultados aún más concluyentes, con r = 0.999.

Quizás una de las conclusiones que más nos gusta anunciar es la frescura mental que proporciona una excursión de este tipo. Para empezar existen riscos en los que es complicado pensar en algo más que sea evitar despeñarse. Por otro la charla distendida que generalmente se tiene con los personajes que integran estos grupos de montañeros/andarines limpia la cabeza de rayaduras. Eso y el entorno natural parecen reequilibrar la mente en tan solo unas horas de pinrrelada.

Con todo ello, la principal conclusión de nuestro trabajo es que hay que volver.

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Figura 8. Balance positivo

 

Bibliografía

Berbel, J. 1997. El hallazgo de Luis Felipe, un brandy con más cuerpo que Sabrina. Spirits & Drugs. 78(4): 115-131.

Campoy, E. 2007. Sobrevivir a los orcos en altura. Mastering psichology. 77(1): 720-732.

García Gallego, J.C. 1998. Excursiones por el sur de España-II. Editorial Desnivel. Madrid. 296 pp.

Gelu y Mirabete. 1986. Mil maneras de liarse un porro en alta montaña. The María Review. 312(3): 46-55.

Gelu. 1991. Limpiarse el ojete en condiciones extremas. Bares de carretera y corredores de hielo. Marxism Principles. 88: 302-320.

Gelu. 2002. Armando petardos con vientos huracanados. Journal of tobacco. 112(1): 150-160.

Gelu; Salazar, J.I. 2005. El arte de liar(la). Centro de Estudios Penibéticos. Manchester. 185 pp.

Góngora, I.; Campoy, E. y Valderrama, J.M. 2012. Tres en la carretera. Nomads Review. 38: 78-85.

López-Gay, J. 2006. Sobrevivir sin saco de dormir y frontal por las montañas andaluzas. Journal of Mad Environments. En revisión[3].

Newton, I. 1687. Philosophiae Naturalis Principia Mathematica. University of Cambridge.

Paloma y Gelu. 1990. Cómo pasarlo en grande con una caja de cervezas y dos botellas de tinto. Beodos Lancet. 521(3): 56-77.

Real Academia Española (RAE). 2014. Diccionario de la lengua española. Versión electrónica.

Salazar, J.I. 2012. Alma de Cherpa. Blog.

Salazar, J.I. 1999. Por las béticas. Atajos y vericuetos. Pedruschian geomorphology. Special Issue. 410(2): 1045-1060.

Salazar, J.I.; López-Gay, J. y Gelu. 2008. Palomicas, aguardiente y demás bebidas energéticas para afrontar las cumbres más ‘picúas’. Toxicology Incidences. 561: 310-342.

Valderrama, J.M. 2005. Cagar en la montaña. En Tratado de Muñecología. Editorial Arrebato. Plamplona. 112 pp.

Valderrama, J.M. 2011. Dando bandazos. Tesis doctoral. Universidad Catatónica del Bierzo. 148 pp.

Valderrama, J.M. y Góngora, I. 2013. Nomadeo, una ciencia que toma cuerpo. The Mellados Journal. 410: 769-782.

Vázquez, J. 2004. Pinrreladas variopintas en busca de tobas y molinos abandonados. The Tobacean Obsession. 66(3): 456-470.

Vázquez, J. 2006. Paisajes kársticos de la Sierra de Segura: la cuenca del río Taibilla y su aprovechamiento forestal e hidráulico. Memoria de Investigación para la obtención del Diploma de Estudios Avanzados. Programa de Doctorado “Territorio Medio Ambiente y Sociedad”. Departamento de Geografía. UAM.

González Martín, J.A., González Amuchastegui, M.J. (eds.). 2014. Las Tobas en España. Sociedad Española de Geomorfología. Badajoz.

 

[1] Corresponding author; vamos, el que lo ha hecho

[2] Yo creo que me lo voy a aceptar

[3] El autor es el que está en revisión; el paper está aceptado


"Escribo como terapia. Para entender el mundo. Intento aprender a escribir. Me enseño a escribir. Está claro que soy escritor. Porque escritor es el que escribe." J.M. Valderrama

jmvalderrama:


3 Comentarios

  1. Esther

    9 enero, 2015
    / Responder

    Bonita concurrencia de casuísticas.... Logísticas y anecdotarios... Para la amistad la supervivencia y libertad del pensamiento....
    A la espera de vuestra vuelta....

  2. flamenquinescondurian

    4 febrero, 2015
    / Responder

    jajajajaja, genial jaime, que arte!

  3. Javi

    12 febrero, 2015
    / Responder

    Tras haberlo leído ya varias veces y habiendo dejado pasar un fin de semana de nieves y montaña ajena, y de no menos envidias provocadas, solo queda retar a una nueva aventura que haga confluir mentes y vidas tan dispares. Es curioso, tan cerca todos/as y necesitamos de lugares tan lejanos para el reencuentro.
    Bendita pluma, Jaime.


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