Bendita locura (I)

Un puñado de gente contempla, desde la orilla del mar, a unos piragüistas que se preparan para afrontar el oleaje. Éstos miran con recelo cómo el agua salda se deshace en espuma. Al chocar contra las escolleras que protegen la carretera que va desde Almería hasta el campus de la universidad. Entre ellos un tipo embutido en un traje de neopreno va de un lado a otro dando instrucciones, hablando con el grupo de testigos, mirando su reloj cada poco.

Salida con gente

Esperando acontecimientos. La salida

Lo que está a punto de empezar es algo que puede romper varios moldes de una vez. Pero como suele pasar en Almería, dado el carácter tranquilo de sus gentes y poco propenso a sobresaltarse (en ningún lugar del mundo he visto yo tan poca prisa por arrancar el coche cuando el semáforo se pone en verde) excepto los cuatro gatos que permanecemos a la expectativa, cada uno va a lo suyo. Hay una especie de fiesta en el Romera, ese caustico bar que tanto incomoda al rector, y los alumnos, muy aplicados, beben cerveza a destajo.

A Álex, el Negro, la música a todo volumen no le distrae. Sigue alerta. Pendiente del reloj. Asentando los últimos detalles a los piragüistas[1].

Para ser sinceros, yo también era un poco ajeno a lo que realmente se avecinaba. No ha sido hasta pasadas unas semanas que me he percatado del calado de la locura de Álex y he podido escribir sobre ello.

Piraguas

Dispuestos para la batalla

Se palpa un ambiente de nervios. Y a la vez de ilusión. Me pilla a contrapié. Y eso que desde hace meses he hablado con Isaac y otros miembros del CAM[2] sobre la locura que ha pergeñado Álex. Un triatlón con ciertas peculiaridades que lo endurecen hasta extremos maquiavélicos. De entrada en cada disciplina duplica o triplica las distancias[3]. El Negro se proponía: 6 kilómetros a nado, 390 en bici y 145 a pie. El adjetivo que ha elegido para definir su prueba lo sobredimensiona de manera definitiva: Triatlón Alpino. Y ese carácter lo obtiene la prueba por el hecho de que el último tramo consiste en cruzar Sierra Nevada. Con un par de matices ─y con un par también─ que hacen el asunto aún más interesante: (i) Se cruza de oeste a este, para abarcar por completo el sistema montañoso; (ii) la prueba transcurre en invierno, para saborear la sierra en su versión más cruda y salvaje.

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El recorrido. En blanco, debajo de Almería, el tramo nadando. En rojo la bicicleta y en azul la parte a pie

A mí todo esto me venía sonando a rollo narcisista. El mismo que yo he promulgado y del que he participado activamente. Recordemos aquel viaje Varsovia-Madrid en bicicleta de montaña pero por autovías. O aquella bufonada de subir y bajar al Tiede en un día; desde la playa para meterle desnivel. O la 101 de La Palma, de la que no hice ni una sola foto, tal era la obsesión por no llevar peso.

Locuras para salpimentar la vida. Marcarse objetivos con el fin de salir a entrenar en lo más duro del invierno. Excusas con las que mantenerse a flote.

Lo cierto es que esta plétora de retos, de chifladuras, arraigan en un único propósito: explorar los límites de uno mismo. En este sentido, este tipo de pruebas o probaturas me parecen coherentes con el propósito de la vida: llegar a conocer de qué está hecho uno, sondear tu profundidad, alcance, extensión. Hay varias formas de explorar este conocimiento. Viajar o este tipo de locuras son solo algunas de ellas.

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Lo que da el carácter alpino a la prueba

Pero, ¿por qué entonces me rechinaba el reto que se había planteado Álex? ¿Por qué mi percepción más narcisista que filosófica?

Mi primera respuesta es obvia: envidia. Yo ya no alcanzo a retos de esa magnitud. Ni siquiera a planteármelos. No me motivan. Ya no. Y eso me jodía. Porque es síntoma, en realidad, de que me estoy haciendo viejo y cosas que me ilusionaban ya no lo hacen. Nunca es bueno perder ilusiones, empiezas a desmoronarte. La solución consiste en buscar otras nuevas. Reinventarse.

Pero no era envidia. Lo que me desvinculaba emocionalmente del tema eran dos cosas. Primero pensaba que era imposible. Álex, el Negro, está en una forma física excepcional. Sin embargo, pese a la descomunal carga de entrenamiento y haber sorteado lesiones, hay obstáculos insoslayables. El siguiente hecho pone de manifiesto a lo que me refiero. Hacía justo un año Álex se probó en la sierra, con el propósito de enfrentarse a las condiciones invernales de Sierra Nevada. Después de dos días de marcha tuvo que darse la vuelta. El hielo, el viento y una de tantas borrascas le impidieron completar el recorrido. Uno puede estar muy bien, pero al final la meteorología y la montaña dictan sentencia.

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La sierra en marzo de 2014

La segunda razón o explicación que me daba a mí mismo, y que desde hace tiempo me mantiene al margen  de este tipo de pruebas, es el exceso de tecnificación, tipificación y elitismo que las rodean. Para mí la montaña es sinónimo de libertad total. Y empieza a parecer una pasarela de moda en la que lucir los cortavientos de la última temporada. Nunca hay que olvidar cómo afrontaron los pioneros el Himalaya, la Antártida o la ascensión al Naranjo de Bulnes. La montaña se ha llenado de deportistas extremos, más pendientes de estrenar zapatillas que del paisaje. Quedan pocos montañeros de antaño (yo no me considero uno de ellos, soy una mezcla con lo anterior). No se puede ir en zapatillas a la cumbre del Aconcagua. Como que lo desvirtúa. Amén de que las probabilidades de palmarla aumentan exponencialmente.

Con estos antecedentes observaba incrédulo cómo Álex, a las tres en punto iniciaba su peculiarreto. Le daba al crono y se tiraba a las revueltas aguas del mar de Alborán. El tío iba en serio.

entrando en agua

Incio de la locura

[1] Piraguas cedidas por Cabo de Gata Kayak

[2] Club Almeriense de Montañismo, con fuerte presencia de sus miembros en el dispositivo de apoyo

[3] Existen varios tipos de triatlones. En su versión más exigente, los conocidos como ironman (¿qué pasa con las mujeres?) consiste en 3,8 km nadando, 180 en bici y 42 corriendo


"Escribo como terapia. Para entender el mundo. Intento aprender a escribir. Me enseño a escribir. Está claro que soy escritor. Porque escritor es el que escribe." J.M. Valderrama

jmvalderrama:


1 Comentario

  1. alexxx albacete

    10 abril, 2015
    / Responder

    Que wapoooo... me he emocionado y todo... se nota la calidad de tu escritura....


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