Sáhara Occidental. 30·12·2011. El Regg Labyad

Según los últimos informes, Standard&Pool y Moody’s han rebajado la nota de calificación de nuestro stock de pan. Ya no tiene la triple A. Uno le da la AAB- y el otro ABB pero con tendencia negativa amortiguada.
Vamos, que el pan se está poniendo duro.
Javi, el quillo, nos enseña una manera rápida de convertir los mendrugos de pan en algo exquisito. Con desparpajo los tira encima de las brasas y las cenizas. Nosotros, que los poníamos a calentar apoyándolos sobre ramas o piedras nos escandalizamos. Parece como si los quisiese utilizar de combustible. Pero no. Allí, en contacto directo con las brasas, reviven. Abriendo esos panes crujientes por la mitad y echándoles aceite de oliva y sal queda un desayuno inigualable. La mayoría lo acompaña con leche que calienta Migue. Yo por ahí no paso. Al lado, en otro fuego, y con el cazo que me presta Ángel, me caliento agua para un té verde. >>seguir leyendo


Sáhara Occidental. 31·12·2011. Pan & Naranjas

Me acuesto empapado de humo. Hoy ha sido la última noche del año. Por eso Migue ha hecho un menú especial: puré de patatas y salchichas. No hay uvas, no hay campanadas. Hay cansancio.

Aunque la jornada estuvo dedicada a pistear, al final cayeron varios kilómetros andando por el pedregal. Llanos inmensos, aparentemente insulsos. En estos paseos uno suele quedar aislado. Los compañeros a la vista. Pero lejos. Quedan lejos. Así que tiendo a caer en la introspección. Me doy cuenta de que casi siempre llevo una piedra en la mano. Aquí hay muchas para elegir. Me obsesiona el sílex. Pedazos de piedra que parecen de plástico. Me encanta su tacto. La paso entre los dedos mientras camino. Cuando me canso la cambio por otra. Hay miles. Algunos de ellas talladas. Pasaron por las manos de nuestros antepasados. ¿De dónde salen las piedras? (pregunta para kokoro) Parece que anduviésemos por estratos. El más superficial, el que constituye el suelo por el que caminamos, se va quebrando. Al contacto con la intemperie. Cambios frío/calor. Pero no solo eso. La sal, que abunda en el terreno –trasladada a superficie por los procesos de evapotranspiración y después extendida por el viento- tiende a meterse por los intersticios. Allí, disuelta en la humedad que la piedra condensa, la sal corroe las rocas. A base de miles de años las va convirtiendo en pedacitos. En el llano conviven fases más o menos desarrolladas del proceso. >>seguir leyendo


Sáhara Occidental. 1·1·2012. Las cuevas de las hienas

Jesús y Javi (el lamparones, aunque el mote se va quedando corto) me guían hasta las cuevas de las hienas que han encontrado el día anterior. No quiero irme sin verlas. Han estado sacando restos óseos. Cráneos de camellos, fémures. Todo tipo de carroña fosilizada. Hasta allí arriba arrastraban éstas bestias (las hienas, no Jesús y Javi) a sus presas. Hasta el cubil. Para desgajarlas tranquilamente y dar de comer a sus crías. Pugnando por la cuesta de guijarros sueltos. Apresando los cuerpos inertes con las mandíbulas ferrosas. >>seguir leyendo


Sáhara Occidental. 2·1·2012. Gueltas

Las pequeñas heridas van haciendo cada vez menos confortable el viaje. Arañazos, labios partidos, rozaduras, golpes, pies magullados. Resfriados que se van consolidando. Padrastros de los que se tira hasta deshacer los dedos.

Esto se acaba. Hemos disfrutado de la última hoguera. Pensaba que no habría madera. En la zona de los gueltas -charquilones de aguas salobres que jalonan el curso de un oued- la vegetación escasea. Pero finalmente, entre todos, hemos logrado juntar en poco tiempo una considerable cantidad de madera reseca y nudosa. >>seguir leyendo


Sáhara Occidental. 3/4·1·2012. Zona de confort

El tren de alta velocidad va a trescientos kilómetros por hora. Voy en el último vagón, en el último asiento. Con el mapa de Marruecos desplegado.

El calor excesivo que inyecta el climatizador me está poniendo nervioso. Voy a pasar más calor ahora que en el Sáhara. Es un aire seco. Me empieza a doler la cabeza. Todo el mundo a mi alrededor tiene auriculares, o un ordenador, o un teléfono móvil o un ipad, o una videoconsola. O varias cosas simultáneamente. Escucho quejas incongruentes: jo tía es que no tienen cocacola cero, sólo cocacola light, dice una anoréxica al borde del delirio. Qué mierda, esa peli ya la han puesto –berrea un adolescente miope que apenas deja de mirar con furia a una pantallita en la que mata marcianos[1]. Percibo comportamientos displicentes, de gente acomodada. Acostumbrada a tener todo en cuanto lo piden. Gente que parece triste. >>seguir leyendo


Las primeras nieves

1 diciembre, 2011 / Relatos, Sierra Nevada / 1 Comentario

Sólo pongo el despertador cuando hay razones de peso para levantarse temprano. Y cuando eso sucede el despertador se convierte en un accesorio inútil. Por eso cuando suena de madrugada no cumple con su cometido. No me despierta porque ya estoy despierto. Saltando de la cama. Me voy a la montaña.

Siempre, en estas circunstancias de abandonar el calor de la cama para ir al campo y sentir las frías baldosas de cerámica en los pies desnudos, me viene el recuerdo de ‘Diario de un cazador’, de Delibes. Aunque haya muchas diferencias. Ni voy a cazar ni la mínima de Almería recuerda a los escarchazos que caen en los Campos de Castilla. >>seguir leyendo


El Alhorí y la laguna Juntillas

19 octubre, 2011 / Andanzas, Sierra Nevada / 1 Comentario

Ya iba siendo hora de ir a la montaña. De sobreponerse a la depresión, al apalancamiento. Días de tedio que se van encadenando y camuflan las ganas de vivir. El calor, que lleva instalado varios meses, ha levantado con manto de calima que desdibuja la silueta de la Sierra. Se adivina como un lugar lejano, polvoriento y cruel.

Me costó madrugar. Desayunar apresuradamente y sin café. Tragando copos de avena y pasas para enfrentarse a las pendientes.

No había terminado de desperezarme  y ya estábamos por las carreteras secundarias del Marquesado. Nadie quiso saber nada de tomarse la jornada tranquilamente y parar a desayunar otra vez. Un colacao. Algo. Mientras se desperezaba el día. Íbamos directos al refugio del Postero. La sensación era ir a resolver un asunto urgente. Y cuanto antes mejor. >>seguir leyendo


Día 5. De vuelta a casa

Quedan restos de humedad en la funda de vivac. En el saco y el paraguas. En todo aquello que se expuso a la intemperie. Parece una provocación infantil al secador que es el viento de levante. Utilizo la mañana del sábado para ir reubicando las cosas que me llevé. Y constato que me volví a llevar ropa de más. En efecto, cuatro calzoncillos de repuesto era un exceso. Me sobraron los cuatro. Tiene razón Gerardo cuando dice que con tres hay de sobra. Se refiere a los viajes largos, de un mes para arriba. Uno para el avión de ida. Otro para el de vuelta. Y otro para la estancia. En el caso de una pequeña expedición como esta con uno bastaba. Como se ha demostrado. >>seguir leyendo


Día/Noche 4. Puertos de montaña

Al poco de amanecer estamos en pie. Desmontando el campamento no sea que se acerque un pastor y nos vea abusando de la propiedad privada. Despertarse es incómodo. El sueño no me abandona, los ojos no quieren despegarse. Hace frío. Algunos dolores articulares me impiden moverme con soltura. En breve todo está dentro de las mochilas otra vez.

El paisaje sigue vacío de paisanaje. De Monasterio de Hermo -es con h, lo escribí mal en otro post- para arriba no hemos visto a nadie estos días. Volvemos hacia el coche, allí está la despensa, o lo que queda de ella. Por el camino vamos atentos. Esta sigue siendo buena hora. Encontramos otra morera cargada. Una buena dosis de antioxidantes y fibra para empezar el día. A Gerardo le gusta ir recolectando y acumular las moras en una mano. Luego se las mete todas de golpe y por las comisuras de los labios se le escapan unos goterones negruzcos. Yo voy de una en una. A veces el sabor cambia. Un mal sabor. Un bicho que se estaba comiendo la baya antes que yo. Son chinches, dice Gerardo. La verdad es que sí. Al menos saben a eso que huelen las chinches. Un olor dulzón que resulta amargo. >>seguir leyendo


Día/Noche 3. Las Fuentes del Narcea

Como si fuésemos garduñas nos dedicamos a vaciar de moras los racimos que, combados por el peso de la cosecha, se apoyan en el firme de la carretera. Gerardo anda obsesionado con la lista top ten de los alimentos anticancerígenos, que incluyen las bayas. Cerca de la cargada morera se ven los excrementos de los animales que previamente se inflaron de antioxidantes. ‘Este es un buen sitio para esta noche. Aquí vienen los vivérridos a comer. Y puede que también el oso’. Es cierto, aunque los osos van ahora a por los arándanos, y según nos ha contado un guarda y nosotros hemos observado, no hay muchos este año. >>seguir leyendo