Día/Noche 2. Valles mineros en decadencia

Una lluvia fina se va apoderando de la mañana. Desayunamos apresuradamente unos frutos secos y un litro de horchata. Gerardo viene de dar un paseo cuando termino de despegar los ojos y juntar fuerzas para salir del calor del saco. Ha sorprendido a una garduña que merodeaba entorno al improvisado campamento. La he tenido a tres metros y ni me he enterado.

Bajamos hasta Cangas de Narcea para volver a subir a la montaña. Nos interesa explorar los valles del río Tablizas –que atraviesa la reserva de Muniellos- y del Narcea. Este pretendemos seguirlo hasta su nacimiento, dejando atrás la última población del valle -el Monasterio de Ermo- y subiendo hasta el collado donde, según el mapa, están las fuentes del Narcea. Buscamos pistas por las que caminar de noche. De vez en cuando paramos, nos bajamos y echamos un vistazo. A la búsqueda de excrementos y huellas que delaten a los carnívoros que por aquí habitan. Las pistas muchas veces están invadidas de vegetación. Zarzas, ortigas. Territorio abandonado. >>seguir leyendo


Día/Noche 1. Vivérridos

En Andújar me encuentro con Gerardo. Dejamos uno de los coches y continuamos hacia Madrid. Allí tomamos la M50, que nos sirve para conectar la A4 con la A6. Cuando cruzo la periferia del noroeste se me van agolpando recuerdos. Los caminos que corrí con ‘Eljose’, el campo que cribé con Matías, las rutas en bici con Pasape –casi todas ellas sepultadas por cemento y asfalto- los partidos de fútbol. Allí, en ese pedacito de mundo, vive gente que quiero.

La nostalgia da paso a Castilla. Campos se cereal recién segados. Villorrios centenarios y desgastados. Territorio áspero que empieza a ondularse. En León aparecen las montañas. Manchas verdes. Nubes. Por fin en Bembibre dejamos la autovía y seguimos el curso del río Sil. Discurre entre monte cerrado. Bosques húmedos y sombreados. >>seguir leyendo


A la búsqueda de carnívoros

La expedición, viaje o excursión fue concebida hace tiempo. Formaba parte de una triada de viajes que nos serviría para partir el verano en pedazos más digestibles. Uno de ellos no pudo ser. El otro, sí, a Sierra Nevada. Tres días y tres noches de caminar entre lascas de pizarra, biomasa fresca y estropajosa. Acompañados por el sol y las nubes de evolución diurna que no quisieron aportar agua. Tan solo se dignaron a soltar un par de truenos, que quedaron amortiguados por la lejanía.

Ahora se trata de ir a buscar carnívoros. A Asturias. Y reponerse del levante que reseca cualquier intento de sacar unas horas de trabajo más o menos digno. >>seguir leyendo