Mientras tanto

Una aguerrida tropa de biólogos se afana por encontrar alzacolas, un pequeño paseriforme catalogado como especie en peligro de extinción en el Libro Rojo de las Aves de España. Se trata de estimar la población local de alzacola mediante transectos y estaciones de escucha. Montan redes para atrapar aves y anillarlas; ¿de dónde vienen? ¿adónde irán? La severidad del verano no les echa para atrás; con paciencia recorren barbechos y eriales, tierras de cultivo. Llevan parte de sus ropajes saharianos, los mismos prismáticos. La misma mochililla con los apechusques necesarios. >>seguir leyendo


Expediciones naturalistas al Sahara

La labor divulgativa de un libro incluye muchos aspectos. Uno de ellos consiste en escribir en blogs u otros medios de difusión, tratando de no repetirse. Aunque sean temas recurrentes, en Naukas he intentado alguna variante. Aquí dejo la entradilla de lo último que he escrito y un enlace al blog de Naukas, donde podéis encontrar el texto completo.

“Parece mentira que en un planeta continuamente auscultado por decenas de satélites, que no paran de medir índices de biomasa vegetal, de escrutar accidentes geográficos, de anotar lo que llueve o deja de llover, aún queden sorpresas. Creemos tener acceso virtual a todos los rincones de la Tierra, casi nos han convencido de que ante cualquier novedad saltará un aviso para estar al tanto. >>seguir leyendo


Expediciones zoológicas al Sahara Atlántico

Uno nunca sabe muy bien cómo le ven desde fuera. Cuando se trata de un grupo más o menos heterogéneo aunque con intereses y gustos en común, como puede ser Harmusch, lo que uno puede esperar es que a veces nos cataloguen como un poco descarriados, algo atípicos, con alguna cosa interesante que contar. Aunque tampoco podemos enfadarnos si alguien nos califica de personajes inmaduros en busca de sueños imposibles.

La idea de escribir este libro surge tras el interés que Nacho Ruiz, editor de Ediciones Rodeno, nos muestra tras leer un artículo publicado en Quercus (Asociación Harmusch. 2015. Tras los pasos de Valverde: expediciones al Sahara Occidental. Quercus. Cuaderno 348: 26-33) en el que dábamos cuenta de nuestras expediciones al Sahara y sus hallazgos zoológicos. Así, el verano transcurre entre calores soporíferos y versiones que de los distintos capítulos nos enviamos de unos a otros y que, poco a poco, se van puliendo y ensamblando. >>seguir leyendo


El Libro de Harmusch

24 septiembre, 2015 / Divulgación, Relatos / 1 Comentario

La Teoría del Limbo había alcanzado un punto de madurez que no hacía sino saborear, aunque de vez en cuando me encontraba tropezones que no eran de mi gusto. Imprimía los capítulos uno a uno y los iba retocando y puliendo. Golpe a golpe, palabra a palabra. Los puntos flacos me llevaban a replantearme la extensión de algunos pasajes y a cuidar la transversalidad del texto, para que la coherencia temporal y la reaparición de personajes clave diese esa sensación de veracidad que persigue una ficción. >>seguir leyendo


Noches en el desierto

17 febrero, 2015 / Andanzas, Relatos / 1 Comentario

Cuando conocí a Luis mi vida cambió. Hasta entonces yo dormía en el suelo. Me daba pereza montar la tienda. Y la mañana siguiente, con el frío, plegarla y enrollarla. Con esa humedad del desierto. La arena pegada. Buf. Ni pensarlo. Mejor vivaquear. Viendo las estrellas, fumándome una pipa. Estaba el inconveniente de la arena, que cuando sopla el viento se convierte en un improvisado peeling de lo más efectivo.
Gerardo y Javi tenían razones más prácticas que yo para dormir en el suelo. Caminan de noche. Llegan a las tantas y se vuelven a levantar antes del amanecer. Con ese trasiego la tienda es un engorro. Prefieren echar el saco sobre el pedregal, o el mullido fondo de un oued. En una de esas Gerardo vivió una intensa experiencia soportando una tormenta de arena. Durante horas aguantó en posición fetal los furiosos embates del vendaval. Con suerte en este viaje podría probarlo.
Pero como digo mi vida cambió cuando conocí a Luis, un herpetólogo ─estudioso de los herpetos: reptiles (y por extensión anfibios) ─ que formaba parte del Grupo Salvaje. >>seguir leyendo


Harmusch

15 noviembre, 2014 / Divulgación / 1 Comentario

Son tiempos de crisis. Soplan vientos de cambio. Crisis, crisálida. Metamorfosis. Cambio. Es el momento de reinventarse y de reivindicarse. La oportunidad de juntar de una vez por todas lo que a uno le apasiona con la manera de ganarse la vida.

Probablemente sean conceptos condenados a no llevarse bien. Y nunca un trabajo se pueda conciliar con lo que se hace por diversión y, por tanto, gratuitamente (o pagando por ello).

Pero, como venía diciendo, son tiempos para la utopía y conviene salirse de esos raíles que nos dijeron llegaban a un lugar llamado felicidad. Hemos visto que no van a ninguna parte. >>seguir leyendo


Anatomía de la desertificación

Conviene especificar, en primer lugar, el ámbito en el que sucede la desertificación. Se trata de regiones áridas, semiáridas y sub-húmedas secas, es decir, aquellas en las que el índice de aridez de la FAO está entre 0.05 y 0.65. Aclaremos que: (i) Este índice da una idea del balance hídrico de la zona; (ii) Hay muchos índices de aridez, además del de la FAO; el aquí utilizado es el cociente entre lo que llueve y lo que potencialmente se podría evaporar; (iii) Las zonas hiperáridas, cuyo índice es menor de 0.05, no se incluyen. Se trata de desiertos climáticos en los que ya no puede haber desertificación; y (iv) Un valor de, por ejemplo, 0.05 significa que la precipitación supone el 5% de lo que potencialmente se podría evaporar. Dicho de otro modo, si lloviese 20 veces más, de manera uniforme, todo se evaporaría. >>seguir leyendo


Sahara Unveiled, de WILLIAM LANGEWIESCHE

Una obra maestra por los cuatro costados. Es un libro muy equilibrado en el que las descripciones son compactas y contundentes -las dos páginas dedicadas a Niamey, la capital de Mali, son insuperables- hay contenido didáctico –nos habla de los tuaregs, de la desertificación, de la colonización francesa, del proceso de deshidratación del cuerpo humano- y hay una hilo conductor –atravesar el Sáhara- que te mantiene atrapado. Deseas avanzar, ver más sitios, y te da pena que queden cada vez menos páginas. >>seguir leyendo


Sáhara Occidental. 27·12·2011. Hacia el sur, siempre hacia el sur

Me perturba el sonido de un motor. Estoy metido en la crisálida de plumas que es el saco. Completamente encerrado. Con ropa. Todo. Menos los zapatos. No puedo pensar en la posibilidad de salir de allí. Pero se oye movimiento. El motor del coche. No sé cuánto tiempo llevará encendido. También oigo cremalleras que se abren o cierran. Pasos. Abrir y cerrar puertas.

La última vez que saqué la cabeza estaba muy oscuro. Y todo mojado. Incluyendo parte del saco. Al ovillarme, un lateral quedó fuera de la protección del doble techo de la tienda que me había echado por encima. He escuchado como gotean los árboles. Tengo el pelo algo húmedo. No quiero salir de este refugio cálido. >>seguir leyendo


Sáhara Occidental. 31·12·2011. Pan & Naranjas

Me acuesto empapado de humo. Hoy ha sido la última noche del año. Por eso Migue ha hecho un menú especial: puré de patatas y salchichas. No hay uvas, no hay campanadas. Hay cansancio.

Aunque la jornada estuvo dedicada a pistear, al final cayeron varios kilómetros andando por el pedregal. Llanos inmensos, aparentemente insulsos. En estos paseos uno suele quedar aislado. Los compañeros a la vista. Pero lejos. Quedan lejos. Así que tiendo a caer en la introspección. Me doy cuenta de que casi siempre llevo una piedra en la mano. Aquí hay muchas para elegir. Me obsesiona el sílex. Pedazos de piedra que parecen de plástico. Me encanta su tacto. La paso entre los dedos mientras camino. Cuando me canso la cambio por otra. Hay miles. Algunos de ellas talladas. Pasaron por las manos de nuestros antepasados. ¿De dónde salen las piedras? (pregunta para kokoro) Parece que anduviésemos por estratos. El más superficial, el que constituye el suelo por el que caminamos, se va quebrando. Al contacto con la intemperie. Cambios frío/calor. Pero no solo eso. La sal, que abunda en el terreno –trasladada a superficie por los procesos de evapotranspiración y después extendida por el viento- tiende a meterse por los intersticios. Allí, disuelta en la humedad que la piedra condensa, la sal corroe las rocas. A base de miles de años las va convirtiendo en pedacitos. En el llano conviven fases más o menos desarrolladas del proceso. >>seguir leyendo