Bendita locura (III)

De manera esquemática la última parte del reto puede resumirse así: Álex trazando una línea que va de poniente a levante. Y los comandos de apoyo entrando de sur a norte, o de norte a sur para acompañarle un tramo hasta el siguiente relevo.

Chequeo médico. Aunque parezca imposible todo en orden

Afronta esta etapa tras haber superado el control médico. Empieza la traca final con el Club de la Zubia, que le acompaña los primeros ocho kilómetros. Después, tras un inquietante tramo a solas en el que Álex se pierde y acaba entre matojos, por fin llega a los cortijos de Echeverría. Allí le esperaban Frasco y Fernando. El Negro había acumulado cierto retraso al extraviarse y el Comando Kaldera, que para entonces ya iba camino del refugio Poqueira, reestima la hora a la que llegarían Fernando y Álex al refugio de la Caldera. >>seguir leyendo


Bendita locura (II)

Enseguida las olas tapan la progresión de Álex. Bracea mar adentro para despegarse del litoral y evitar las rocas. El equipo de fotógrafos[1] toma las últimas instantáneas. Un dron se ha aventurado hasta su posición para sacarle primeros planos en el agua. Los piragüistas a duras penas mantienen el rumbo. El viento es fuerte, pero ahí están. Acompañando a Álex.

Bregando en el mar de Alborán. El Cabo de Gata al fondo.

Al día siguiente, a esas horas, el Comando Kaldera, del que formo parte, ha de partir hacia Trevélez para cumplir con su cometido. Teníamos que llegar hasta el refugio de la Caldera, donde Álex, si todo marchaba bien, llegaría de madrugada acompañado por Fernando. >>seguir leyendo


Bendita locura (I)

Un puñado de gente contempla, desde la orilla del mar, a unos piragüistas que se preparan para afrontar el oleaje. Éstos miran con recelo cómo el agua salda se deshace en espuma. Al chocar contra las escolleras que protegen la carretera que va desde Almería hasta el campus de la universidad. Entre ellos un tipo embutido en un traje de neopreno va de un lado a otro dando instrucciones, hablando con el grupo de testigos, mirando su reloj cada poco.

Esperando acontecimientos. La salida

Lo que está a punto de empezar es algo que puede romper varios moldes de una vez. Pero como suele pasar en Almería, dado el carácter tranquilo de sus gentes y poco propenso a sobresaltarse (en ningún lugar del mundo he visto yo tan poca prisa por arrancar el coche cuando el semáforo se pone en verde) excepto los cuatro gatos que permanecemos a la expectativa, cada uno va a lo suyo. Hay una especie de fiesta en el Romera, ese caustico bar que tanto incomoda al rector, y los alumnos, muy aplicados, beben cerveza a destajo. >>seguir leyendo