Archivo de la categoría: Andanzas

Cuando te toca el gordo sin comprar papeletas

El día de la lotería me tocó el gordo. Tiene mérito. No había comprado ni un solo décimo. Los hechos se fraguaron como corresponde a estas situaciones. Sin planificación. O, mejor dicho, tras un plan que se cayó y me dejó sin apenas opciones.

Días antes había quedado en ir a la sierra el día 22. La sucesión de borrascas dejó la idea en los huesos. El tiro de gracia se lo dio una enrevesada carambola de compromisos navideños que me dejaron sin compañero para el día D, el único que había conseguido salvar de obligaciones y más compromisos navideños. Tampoco era para cabrearse y deprimirse; ni siquiera alcanzaba la categoría de revés. Paciencia y a esperar. >>seguir leyendo

Pirineos (notas) IV

4. La vida cuartelaría de los refugios de montaña

El estado de ánimo condiciona nuestra existencia. Algunos saben mantenerse en el optimismo a pesar de todo, quizás con algunas dosis de inconsciencia, quizás por su carácter ganador, quizás porque se levantan temprano y meditan una hora al día. La mayoría, sin embargo, somos presa de factores externos que juegan con nuestras emociones.

Durante demasiados meses las contrariedades, los bofetones que va repartiendo la vida (ninguno extraordinario, por otra parte), me habían dejado en la lona, de la que era incapaz de levantarme. Bastaron un par de días de asilvestramiento en el monte, rodeado de buena compañía, para recuperar el talante con el que más me gustaba identificarme. Ese que ve el vaso medio lleno y considera cualquier situación como una buena oportunidad. Gracias a Gerardo y Edu, a unas reparadoras horas de sueño y al aire fresco de la montaña, había logrado desprenderme de esa pátina de pesimismo que últimamente recubría todas las horas del día. >>seguir leyendo

Pirineos (notas) III

3.Improvisaciones en do menor sobre tiempo tormentoso

Amanece un día frío y en el que las nubes, sin titubeos, se han adueñado del paisaje. Desmontamos la tienda y en la mesa que hemos hecho propia aguardamos las primeras luces del día. Viendo nuestras opciones en el mapa creemos que puede ser interesante explorar algún valle lateral y subir a un paraje conocido como los llanos de la Larri. Sin embargo, ante la pertinaz lluvia y las malas previsiones ponemos rumbo al sur y cambiamos de valle, esperando que cambie nuestra suerte. >>seguir leyendo

Pirineos (notas) II

2.Pineta

Desmontamos la tienda a las seis de la mañana y desayunamos en la mesa de picnic en la que hace tan solo unas horas hemos cenado. Gerardo apenas ha dormido, pero tras la paliza de coche no pudo resistir la tentación de explorar los alrededores a ver si caía el primer carnívoro de la lista. Podíamos ver hasta diez, nos dijo, siendo el avistamiento más apreciado el del armiño.

Los primeros excursionistas del día pasaron con sus frontales. Al poco llegó el guarda y nos sentimos aliviados de haber desmontado el campamento. La multa hubiese desnivelado nuestro raquítico presupuesto. Gerardo come como si el mundo se fuese a acabar y, de verle devorar con tanto entusiasmo, a Eduardo y a mí nos entra gazuza. Seguirle el ritmo es complicado: tres huevos duros, cuatro napolitanas, media hogaza con nocilla, un plátano, un litro de zumo, un té o dos, si te descuidas te come un brazo. Vaya, parece que tengo un apretón, anuncia, desapareciendo entre los arbustos con un papelillo en la mano. Come y caga como si fuese uno de los mustélidos que tanto le gusta observar. Es de tránsito rápido y podría volver a desayunar otro tanto. Eduardo y yo, con la mitad, no nos podemos mover. Para colmo nuestras tripas no son tan eficaces como las suyas. Hay que joderse y subir con un lastre extra poco agradable. >>seguir leyendo

Pirineos (notas) I

1.Unas vacaciones inesperadas

Los Pirineos eran una quimera de dudoso perfil vistos desde el mar de Alborán. El verano, que pudo haber sido más cruel, convertía Almería en un destino turístico. La vida se concentraba a orillas del mar, donde el confuso bullicio y la arena caliente -descomunalmente pisoteada- me retraían a las sombras del hogar. Allí saboreaba esperanzado el fresco mañanero pero antes del mediodía el calor había colonizado todos los recovecos y mi buena disposición claudicaba. Entonces, buscaba con ansiedad pronósticos del tiempo que desactivasen el viento de levante. >>seguir leyendo

Egregio Yangtsé

Una enorme barcaza empuja las pastosas aguas del Yangtsé. Solitaria y anónima, su avance llama la atención del viajero. Imagina su navegación impertérrita, cansina, hastiada de soportar tantas mercancías, tantos atraques, tanto soltar amarras y negociar en un idioma extraño la carga de sus bodegas. Imagina cómo los estibadores se despliegan coordinadamente y sólo con gestos, sin gastar palabras, cargan y descargan la barcaza a través de tablones untados de barro que unen la cubierta con muelles de mil puertos fluviales. Meten y sacan sacos de arroz, garrafas de aceite de mostaza, quintales de sésamo y lingotes de té verde prensado. >>seguir leyendo

Expediciones zoológicas al Sahara Atlántico

Uno nunca sabe muy bien cómo le ven desde fuera. Cuando se trata de un grupo más o menos heterogéneo aunque con intereses y gustos en común, como puede ser Harmusch, lo que uno puede esperar es que a veces nos cataloguen como un poco descarriados, algo atípicos, con alguna cosa interesante que contar. Aunque tampoco podemos enfadarnos si alguien nos califica de personajes inmaduros en busca de sueños imposibles.

La idea de escribir este libro surge tras el interés que Nacho Ruiz, editor de Ediciones Rodeno, nos muestra tras leer un artículo publicado en Quercus (Asociación Harmusch. 2015. Tras los pasos de Valverde: expediciones al Sahara Occidental. Quercus. Cuaderno 348: 26-33) en el que dábamos cuenta de nuestras expediciones al Sahara y sus hallazgos zoológicos. Así, el verano transcurre entre calores soporíferos y versiones que de los distintos capítulos nos enviamos de unos a otros y que, poco a poco, se van puliendo y ensamblando. >>seguir leyendo

El buscador de gatos

(Entrada originalmente publicada en Naukas)

Harmusch es un grupo de gente variopinta, con gustos comunes por la naturaleza en todas sus expresiones. Su radio de acción abarca varios continentes y ecosistemas. Desde las montañas del Himalaya hasta el desierto del Sahara, pasando, como no, por nuestro monte mediterráneo y las selvas tropicales.

Mezclando personajes y lugares podemos dar a conocer buena parte de nuestras actividades y propósitos. En las selvas de Borneo, a miles de kilómetros de nuestra sede, transcurre la siguiente historia. Más concretamente en el norte de la isla, en la Reserva Forestal de Deramakot, un ejemplo de explotación sostenible. >>seguir leyendo

Noches en el desierto

Cuando conocí a Luis mi vida cambió. Hasta entonces yo dormía en el suelo. Me daba pereza montar la tienda. Y la mañana siguiente, con el frío, plegarla y enrollarla. Con esa humedad del desierto. La arena pegada. Buf. Ni pensarlo. Mejor vivaquear. Viendo las estrellas, fumándome una pipa. Estaba el inconveniente de la arena, que cuando sopla el viento se convierte en un improvisado peeling de lo más efectivo.
Gerardo y Javi tenían razones más prácticas que yo para dormir en el suelo. Caminan de noche. Llegan a las tantas y se vuelven a levantar antes del amanecer. Con ese trasiego la tienda es un engorro. Prefieren echar el saco sobre el pedregal, o el mullido fondo de un oued. En una de esas Gerardo vivió una intensa experiencia soportando una tormenta de arena. Durante horas aguantó en posición fetal los furiosos embates del vendaval. Con suerte en este viaje podría probarlo.
Pero como digo mi vida cambió cuando conocí a Luis, un herpetólogo ─estudioso de los herpetos: reptiles (y por extensión anfibios) ─ que formaba parte del Grupo Salvaje. >>seguir leyendo

Sitios a los que no va ni dios (y es una pena)

En realidad yo quería ir a Soria. Pero nunca llegábamos. Dimos tantos bandazos que la lista de pueblos y parajes que recorrimos es irreproducible.
Nos entretuvimos por el borde septentrional de Cuenca y la Alcarria, un piélago de lugares curiosos e interesantes. Muy a desmano.
Mi objetivo inicial era tan nítido como simplón. Era el tiempo de la temida canícula y malvivía tirado en la jarapa, aguantando las calenturientas vaharadas que lanzaba el Sáhara. Parecía que hubiesen encendido un secador gigante.
Pasaban los días de plomo y en un arrebato de lucidez tuve una visión. Mi destino eran esas nubes grises atravesadas por rayos que aparecían en un mapa del tiempo cuajado de discos amarillos. Sí, iría a la Ibérica, en busca de tormentas. >>seguir leyendo