Cascajales y lagunas

12 Septiembre, 2016 / Relatos, Sierra Nevada / 0 Comentarios

Para explicar cómo se tritura una montaña, qué fuerzas son capaces de atomizar compactos peñones de sólida roca, hemos de recurrir al frío y al tiempo.

Por un lado están los glaciares, formidables espesores de nieve que bajo su propio peso colapsan hasta convertirse en acerado hielo que, deslizándose a favor de pendiente, se llevan por delante cualquier obstáculo. Son una especie de gigantescos bulldozers que arrancan rocas y socavan el terreno, exagerando hasta la caricatura la topografía original. Tras unos miles de años operando desfiguran el paisaje, generando un territorio lleno de discontinuidades, desniveles y hondonadas. >>seguir leyendo


Lucha de gigantes

21 Diciembre, 2014 / Sierra Nevada, Viajes / 2 Comentarios

De momento no conozco a mucha gente por aquí[1]. Y menos a quien le guste a ir a la montaña. Y menos aún a alguien que se levante a las seis de la mañana un sábado.

A esas horas el vecindario duerme. Tengo una hora y media hasta La Roza. Dejaré el coche en el merendero. Antes tendré que parar a desayunar en algún lado. Después un número indeterminado de horas, puesto que no tengo muy claro el recorrido. Oscurece a las seis. El madrugón es innegociable.

No puedo evitar la melancolía que envuelve toda la operación. Ir en solitario. Con el frío que hace. A deshoras. A contracorriente. Siempre a contracorriente. >>seguir leyendo


La lentitud y la debilidad

Con trazo desigual alguien ha escrito en la pared del refugio: ‘Hoy me siento muy pequeño’.

Y es lo que me invade al tomar la decisión de salir del saco. Después de haber pasado casi once horas como encapsulado en un capullo. Dando vueltas. Buscando calor y amparo en la primigenia posición fetal. Escondiendo la cabeza del frío, y de la cruda realidad. Replegándome para evitar las zonas que se han humedecido.

No hay mucho que hacer en los refugios. Agujeros que sirven para resguardarse de la lluvia y el viento. Esperar a que llegue el siguiente día para ponerse en marcha. Es un lugar incómodo. Sin mesas. Sin sillas. Sin catres. Con goteras. >>seguir leyendo


La Ragua

La verdad es que, cuando menos, la estampa de aquella mañana resultaba curiosa. Mi buen amigo Isaac esperaba dentro del coche. Como siempre unos minutillos antes de la hora. Yo entraba y salía de la casa, acarreando un variado cargamento de apechusques.

Había nevado la noche anterior. Pero no sabíamos cuanto. Ni el frío que haría. Teníamos que estar preparados para las múltiples posibilidades que podía ofrecer la montaña.

Isaac salió del coche al verme aparecer para echarme una mano. Ya no me quedaban dedos para agarrar crampones, botas, tablas y un abultado etcétera. >>seguir leyendo


Las primeras nieves

1 Diciembre, 2011 / Relatos, Sierra Nevada / 1 Comentario

Sólo pongo el despertador cuando hay razones de peso para levantarse temprano. Y cuando eso sucede el despertador se convierte en un accesorio inútil. Por eso cuando suena de madrugada no cumple con su cometido. No me despierta porque ya estoy despierto. Saltando de la cama. Me voy a la montaña.

Siempre, en estas circunstancias de abandonar el calor de la cama para ir al campo y sentir las frías baldosas de cerámica en los pies desnudos, me viene el recuerdo de ‘Diario de un cazador’, de Delibes. Aunque haya muchas diferencias. Ni voy a cazar ni la mínima de Almería recuerda a los escarchazos que caen en los Campos de Castilla. >>seguir leyendo


El Alhorí y la laguna Juntillas

19 Octubre, 2011 / Sierra Nevada, Viajes / 1 Comentario

Ya iba siendo hora de ir a la montaña. De sobreponerse a la depresión, al apalancamiento. Días de tedio que se van encadenando y camuflan las ganas de vivir. El calor, que lleva instalado varios meses, ha levantado con manto de calima que desdibuja la silueta de la Sierra. Se adivina como un lugar lejano, polvoriento y cruel.

Me costó madrugar. Desayunar apresuradamente y sin café. Tragando copos de avena y pasas para enfrentarse a las pendientes.

No había terminado de desperezarme  y ya estábamos por las carreteras secundarias del Marquesado. Nadie quiso saber nada de tomarse la jornada tranquilamente y parar a desayunar otra vez. Un colacao. Algo. Mientras se desperezaba el día. Íbamos directos al refugio del Postero. La sensación era ir a resolver un asunto urgente. Y cuanto antes mejor. >>seguir leyendo