Bendita locura (I)

Un puñado de gente contempla, desde la orilla del mar, a unos piragüistas que se preparan para afrontar el oleaje. Éstos miran con recelo cómo el agua salda se deshace en espuma. Al chocar contra las escolleras que protegen la carretera que va desde Almería hasta el campus de la universidad. Entre ellos un tipo embutido en un traje de neopreno va de un lado a otro dando instrucciones, hablando con el grupo de testigos, mirando su reloj cada poco.

Esperando acontecimientos. La salida

Lo que está a punto de empezar es algo que puede romper varios moldes de una vez. Pero como suele pasar en Almería, dado el carácter tranquilo de sus gentes y poco propenso a sobresaltarse (en ningún lugar del mundo he visto yo tan poca prisa por arrancar el coche cuando el semáforo se pone en verde) excepto los cuatro gatos que permanecemos a la expectativa, cada uno va a lo suyo. Hay una especie de fiesta en el Romera, ese caustico bar que tanto incomoda al rector, y los alumnos, muy aplicados, beben cerveza a destajo. >>seguir leyendo