El día de la lotería me tocó el gordo. Tiene mérito. No había comprado ni un solo décimo. Los hechos se fraguaron como corresponde a estas situaciones. Sin planificación. O, mejor dicho, tras un plan que se cayó y me dejó sin apenas opciones.
Días antes había quedado en ir a la sierra el día 22. La sucesión de borrascas dejó la idea en los huesos. El tiro de gracia se lo dio una enrevesada carambola de compromisos navideños que me dejaron sin compañero para el día D, el único que había conseguido salvar de obligaciones y más compromisos navideños. Tampoco era para cabrearse y deprimirse; ni siquiera alcanzaba la categoría de revés. Paciencia y a esperar.
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