Sobre el autor

En AsturiesUno es lo que hace. Se es montañero si va a la montaña. O conductor si se conduce un coche. En este contexto escritor es el que escribe. Nada más. Es fácil ser escritor. Mucho más que ser ingeniero. Solamente hay que coger un boli, un papel y ponerse a escribir.

Ahora bien, ¿por qué decide alguien ponerse a escribir con asiduidad? ¿Qué es lo que tiene que contar? ¿Es un acto de vanidad? ¿Se trata de escribir un bestseller, algo que se pueda vender en un mercado?

Mis motivos se resumen bien con un fragmento de Misery, una novela de Stephen King muy alejada de los tópicos que se suelen asociar a la obra de este autor. Dice el escritor protagonista de la novela: «Los escritores lo recuerdan todo, especialmente las heridas. (…) Desnuda a un escritor, señala sus cicatrices y te contará la historia de cada una de ellas, incluyendo las más pequeñas. De las grandes, se sacan novelas, no amnesia. Es bueno tener un poco de talento si quieres ser escritor, pero el único requisito auténtico es la habilidad para recordar la historia de cada cicatriz».

Escribo para sacarme cosas de dentro. Para entender el mundo. Escribo como terapia. ¿Es esto exhibicionismo? ¿Escribiría si nadie lo leyese? Es aquí donde cito a otro maestro, también ajeno, en principio, a mis gustos literarios. Ray Bradbury, autor de ciencia ficción, escribió en Zen en el arte de escribir -un pequeño libro en el que reflexionaba sobre la escritura- cosas como esta: «Escribe sobre lo que amas. Encuentra eso que te hace vibrar, ya sea de placer o de ira, y escribe sobre ello. Traslada el amor, la rabia, la desesperanza al papel, y serás tú mismo».

Esto empieza a parecer un manual de autoayuda. Para mí la escritura lo es, como para Bradbury y creo que para muchos escritores: «escribir es una forma de supervivencia. Cualquier arte, cualquier trabajo bien hecho lo es, por supuesto. No escribir, para muchos de nosotros, es morir (…) Si no escribiese todos los días, uno acumularía veneno y empezaría a morir, a desquiciarse, o las dos cosas. Uno tiene que mantenerse borracho de escritura para que la realidad no lo destruya».

Magnífico ¿no?