Lo dorado

15 enero, 2017 / Relatos / 1 Comentario

Al atardecer, las sombras que proyectan los edificios crean un fondo fresco que permite sacudirse el calor del día. Entre la arquitectura urbana se filtra la luz dorada del atardecer, la misma que ha ido barnizando las descarnadas laderas del desierto de Tabernas. La misma que rebota en los mástiles de los barcos que descansan apaciblemente en el puerto de Aguadulce. Con esos contrastes busco aparcamiento por la zona azul. Jugando con el parasol del coche.

I didn’t know what time it was then I met you

Oh, what a lovely time it was, how sublime it was too

Más temprano que tarde aparece un hueco. Localizo dónde pagar. Tecleo la matrícula del coche. Introduzco unas monedas que ya estaban previstas.

Y entonces callejeo. Cada día por un sitio. Cuando afronto el oeste la luz dorada me ciega. Es ahí donde me asaltan los recuerdos teñidos de oro de las últimas semanas. Y lo primero que veo, deslumbrado como estoy, es una sonrisa que te invita a ser feliz. Una sonrisa que lo envuelve todo. Poco a poco tomo distancia para deleitarme con las escenas que sirven para delimitar el comienzo de una época. De una era geológica.

No nos abandona el dorado. La arena. Su pelo. La arena en su pelo. Arrumacados en una toalla. Acunados por las olas que impenitentemente se deshacen en espuma. Escuchándonos respirar. Besándonos. Acariciándonos. En una de tantas playas fantásticas del levante almeriense. Tierra dorada por antonomasia. Tierra de luz.

I didn’t know what day it was you held my hand

Warm like the month of may it was and I’ll say it was grand

Día de diario. Día atípico para ser feliz y estar próximo al paroxismo. Si juntamos todos los ‘deberías’ que cada uno arrastramos deberíamos (precisamente) dedicarnos a tareas más prosaicas.

Pero no estamos para tonterías. En nuestra situación no hay nada mejor que seguir abrazados. Me sumerjo en sus cabellos dorados. Los huelo y cierro los ojos. Y el mar sigue con su arrullo. Y ella con sus latidos latentes. La vida puede ser maravillosa.

Grand to be alive, to be young, to be mad, to be yours alone

Grand to see your face, feel your touch, hear your voice

Sigo caminando. Viro al norte. Recupero el norte. Después me vuelve a cegar el sol poniente. Estoy cerca de su casa. De escuchar su voz por el telefonillo. De abrazarla. Lo dorado me envuelve. Es una especie de ensoñación continua. Me viene otra escena que era una utopía hasta hace nada, hasta que ella puso mi mundo patas arriba.

Otra vez su olor. Su magia. Otra vez su sonrisa por encima de todo. Cierro los ojos para que el sol no me tueste las córneas. Y los cierro sobre todo para sonreír como un tonto y aflorar otra vivencia imborrable.

Estamos mano con mano. Pierna con pierna. Vino. Ribera. Tapas. Fútbol. ¿Qué queréis pareja? Yo acariciarla hasta que ponga fin. Acariciar su nuca, que ha sido declarada Patrimonio de la Humanidad. No puedo evitar ser feliz y mandar a tomar por saco todos los ‘deberías’ que me salen al paso.

Say I’m all your own

I did not know what year it was, live was no prize

Lo dorado. Ella es lo dorado. Ella es. Sí, es ella.

El sol se pone. Desaparece el contraste de dorados y sombras.

Lo que nadie sabe es que yo voy donde se esconde el sol. Lo tengo para mí. ¿Qué tal guapo? Escucho mientras subo las escaleras. Y me encuentro con LA SONRISA, otra vez, ¡otra vez! Las sombras se repliegan.

Nos abrazamos y nos sentimos. Como en la playa. Como cuando vemos el fútbol. Como siempre que nos vemos. Dedos entrelazados. Lenguas enmarañadas. Almas fusionadas.

Decido que a esta mujer no le voy a regalar ni uno solo de los libros que me han apasionado.

No. Es más práctico desembarcar mi biblioteca. Entremezclar sus libros y los míos. Destripar las cajas que atesoran mis lecturas favoritas y compartirlas con ella.

Y que la luz dorada entre por los ventanales e iluminen nuestras pilas de libros y nuestras vidas.

Y que su sonrisa sea eterna.

I wanted love and there it was, shining out of your eyes

I’m wise and I know what time it’s now.

La banda sonora de este post: Cécile McLorin Salvant – I Didn’t Know What Time it Was


"Escribo como terapia. Para entender el mundo. Intento aprender a escribir. Me enseño a escribir. Está claro que soy escritor. Porque escritor es el que escribe." J.M. Valderrama

jmvalderrama:


1 Comentario

  1. Alfonso Girón

    10 marzo, 2017
    / Responder

    Lo dorado te ha salido niquelado,
    un abrazo!


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