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7 febrero, 2018 / Relatos / 8 Comentarios

Definitivamente dejó atrás el mundo académico. Agotadas las posibilidades, rebasados con holgura los tiempos de espera, llegó a una edad impropia para seguir esperando que el viento soplase a favor. Las cosas, llegadas a ese punto, ya no iban a cambiar. Estaba en tierra de nadie, varado como un náufrago en una isla con una palmera. Había sombra, cocos y poco más.

Ya no cualificaba para ninguna convocatoria, ni su perfil se podía estirar para convencer a tribunales correosos, dueños de un discurso tan insulso como riguroso, de que era el candidato adecuado, la solución a todos sus problemas. En todos esos años dedicados a crear una lista de méritos contundentes, no logró situarse en una posición de cierto poder, más o menos estable, como para granjearse cierta tranquilidad vital. >>seguir leyendo