Cartas desde Sajama. Apuntes sobre el territorio bajo los efectos de la hipoxia.

La noche ha sido fría. El doble techo de la tienda ha quedado como una tabla, tapizada de hielo. Los desajustes producidos por la altura siguen. No tenemos hambre, comemos muy poco. Tengo la tripa mal.

Anoche caminamos y no vimos ojos. Llegamos a los 4800. Iba a ser un paseíto. Después de la caminata me metí en el saco. Gerardo siguió dando vueltas. Lo único que ha visto han sido vizcachas.

A pesar de la letrina que hemos descubierto a apenas ochocientos metros del campamento nos vamos a trasladar al valle de los geiseres. A ojos de Gerardo el hábitat es allí más adecuado para este gato anodino que no se quiere mostrar. A mí recoger las cosas, cargar con los mochilones y ponerme a andar me parece una losa. Pero no debo quedarme tirado en la tienda. No me puede comer la desidia. >>seguir leyendo


Cartas desde Sajama. Tomando altura

No ha amanecido aún. Pero nos ponemos las botas. Trabajosamente. La tienda está como una tabla. Del hielo. Los frontales levantan estrellitas al chocar contra el doble techo. Abrimos las cremalleras. Metemos los pies calentitos en las botas congeladas. Es complicado atarse las botas sentado en el suelo. Es complicado sobre todo ponerse de pie desde esa posición, procurando colar por el hueco abierto. A esta hora, con este frío, cualquier cosa es complicada.

El plan es intentar ver el puma de nuevo, confiando en que haya vuelto al corral o esté merodeando por los alrededores. Así que nos vamos a apostar frente a la cabaña del pastor y después, cuando salga el sol y el pastor, iremos tomando altura para prospectar el valle desde arriba, intentando ganar la máxima altura posible. Nos servirá de entrenamiento pero también para ver hasta dónde llega el gato. >>seguir leyendo


Cartas desde Sajama. Colección de miedos

Estoy obsesionado con subir a la segunda de las lagunas. Gerardo dice que se va a descansar a la tienda. Decido continuar solo. Decido enfrentarme a la montaña. Y mira que no estaba nada bien por la mañana. Otra vez la caja torácica no carbura. No se expande. La junta de la culata debe de ser. Y queda poco para el intento al Parinacota. Si sigo así no voy a poder subir.

Campamento 3 (4585 m)

Estoy enrabietado así que decido ir a la maldita laguna de una vez por todas. Me da igual que esté el terreno minado. >>seguir leyendo