Comando Kaldera

24 marzo, 2015 / Relatos / 0 Comentarios

El texto de esta entrada no es mío, ha sido escrito por Isaac Ortega Góngora. 

El pandilla cuatro por cuatro de mi hermano va cargado hasta las trancas de Aquarius, Powerade, mochilas, piolets, botas y demás material de montaña.

El viaje hasta Trevélez es muy ameno y no paramos de reír. Es un día primaveral y vamos apurando las curvas; cuanto antes lleguemos al refugio más podremos descansar. Entramos en reserva hace ya un rato y necesitamos una gasolinera.

Preguntamos a un lugareño, que no da dos opciones para repostar. La más cercana queda a trece kilómetros de curvas y la otra a veinte. Nos insinúa que él no echaría en la de Pórtugos. No quiere explicar porqué. Es viernes trece y la misión empieza bien.

No podemos jugárnosla, todo el plan puede venirse abajo demasiado pronto. Así que optamos por la más próxima. Se trata de un pobre surtidor en el rellano de una casa particular y ya entendemos las dudas del paisano. Parece que el propietario fabrique el combustible en su hogar, a base de tinajas cargadas con vino o quién sabe qué.

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El Comando Kaldera motorizado

Nos arriesgamos a llenar el tanque y subimos hacia la salida de nuestra ruta, por encima de Capileira, en la Hoya del Portillo. La idea, dentro del gran puzle que es el desafío del Negro, es que otros compañeros recojan el coche, ya que nosotros cruzaremos la sierra de sur a norte, pasando de la Alpujarra a El Marquesado. Cruzamos los dedos para que no le estalle el coche a quien tenga la misión de llevar el pandilla hasta Alboloduy, fin del triatlón alpino.

Nuestro camino hasta el Refugio Poqueira es cómodo, aunque más tedioso de lo esperado debido al estado de la nieve, hundiéndonos en bastantes ocasiones.

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El Comando Kaldera bregando en las rampas que llevan al Poqueira

Cerca de las nueve de la noche llegamos al refugio, a 2.500 metros de altura. El Comando Kaldera se compone de tres chicos ─mi hermano David, Jaime y yo ─ y una chica, Vicky. Nuestra compañera olvidó los crampones la semana pasada en el refugio y se acerca a recogerlos a la recepción. Aprovechamos la parada técnica comer algo y descansar un poco. La gente que sale nos pregunta que adónde vamos, que porqué no hacemos noche en el Poqueira. Contestamos que hacia el refugio de la Caldera, a 3.000 metros, unas cuantas horas más arriba. No entienden a que vamos a esas horas hacia allí. Nosotros casi que tampoco. Respondemos que de buena gana nos quedaríamos, pero hemos quedado esta madrugada con unos colegas y tenemos que llegar. Otra pieza del puzle.

Son las 21:30 y partimos hacia la Caldera bajo una noche espléndida de luna llena. Al poco de reanudar la marcha Vicky nos comenta que los guardas del refugio le han invitando a quedarse e incluso le ofrecían pasar la noche gratis. Nos quedamos sorprendidos pero estamos convencidos de que si nos hubieran visto a los tres orcacos seguro que su disposición no sería la misma.

En menos de dos horas, llegamos a la Caldera, ya que Jaime y Vicky han marcado un ritmo infernal.

Una vez en el refugio cenamos algo para recuperar fuerzas. Derretimos nieve para hidratarnos y llenamos botellas de agua. La necesitaremos para el día siguiente, ya que no esperamos encontrar ninguna fuente. Al rato nos tumbamos para descansar. Nuestra única tarea es esperar que el sonido del walki de Fer y Alex nos despierte de madrugada para recibirles con los brazos abiertos. Que nos vamos de fiesta en unas horas y ellos parece que han trasnochado.

Por fin suena el walki, son las 04:15. No es que estuviéramos profundamente dormidos, de hecho no hemos dormido apenas, pero la radio quebrando el silencio nos ha sobresaltado. Fernando acompaña a Alex El Negro desde los cortijos de Echevarría, «…estamos por encima de las piedras que bajan hacia el refugio, Alex va bien pero cansaillo y se queja mucho de la garganta, le duele bastante…»

Lleva en el cuerpo 6 kilómetros a nado por Almería, casi 400 de bici desde Almería hasta Cumbres Verdes ─pasando varios puertos de montaña─ y prácticamente 44 kilómetros por montaña. Como para no estar cansaillo.

Salimos a esperarle y por fin aparecen unas luces en la pala de enfrente. La noche está tranquila, pero hace frío. Es emocionante verles aparecer. Por lo menos hasta la Caldera ha llegado. ¡Qué tío!

Blog_367Llegada en medio de la noche de Alex y Fernando

En pocas horas empezará lo más alpino de su Triatlón Alpino. Ya lleva un buen tramo alpino, donde Fer ha sido su escudero. Han acumulado un poco de retraso; se acostará sobre las 5:45 y se levantará sobre las 8:15. Será su mayor cabezada en las 74,5 horas de Triatlón Alpino.

Cuando llega, la misión del Comando Kaldera ha sido derretir nieve para hacerle unas sopitas, darle un ibuprofeno para la garganta y decirle que no chille tanto que se le va a poner peor. Y que se vaya a dormir que le queda telita.

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El reposo del guerrero en el refugio de la Caldera

Amanece. Desayunamos tranquilamente. Nos espera un palizón. Y lo primero subir al Mulhacén. Así que nos tomamos con calma esta primera fase del día, analizando y comentando el trayecto que tenemos por delante. Zampamos hasta donde podemos y rehacemos las mochilas.

Llevamos más de 10 horas desde que salimos del refugio de la Caldera, atravesando la zona más agreste de Sierra Nevada, dejando atrás el Mulhacén, la Alcazaba, el Puntal de Vacares y varios tresmiles más de la cuerda. Agradecidos de las vistas, subiendo y bajando desniveles sin cesar, disfrutando de un día espléndido y una buena nieve, condiciones que sabemos nos están dejando hacer esta loca y ansiada travesía, atentos a no dar un mal paso cuando atravesamos las pendientes más heladas. Nos sorprende la atención que mantiene Alex en estas zonas tan expuestas, después de todo lo que lleva en el cuerpo.

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Descenso por la Este del Mulhacén

Bajo nuestros pies cambia la pendiente por última vez, vislumbramos el puerto de Trevelez al fondo bajo un atardecer espectacular. Sabemos que nuestra misión llega a su fin, en breve llegamos a la piedra de los ladrones donde otro comando, el Postero, acompañará a nuestro Quijote hasta su siguiente Molino, al puerto de la Ragua, 21 km más allá, pero eso es otra historia…

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Relevo de Comandos


"Escribo como terapia. Para entender el mundo. Intento aprender a escribir. Me enseño a escribir. Está claro que soy escritor. Porque escritor es el que escribe." J.M. Valderrama

jmvalderrama:


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