Cartas desde Sajama. Huellas en la nieve.

Me falta el aire. Me siento oprimido dentro del saco. Apenas me puedo mover, como otras noches. Me asfixio. Es una pesadilla. O es real. Me incorporo. Gerardo está pegado. Me pregunto por qué diantres no se va para su lado. O quizás sea yo el que se ha movido. La tienda parece más estrecha, deformada por la pesadilla.

Al revolverme palpo algo muy frío. Es como hielo. Enciendo el frontal. Tengo la tienda encima. Lo que he tocado es hielo, efectivamente. Despierto a Gerardo. Empiezo a entender la situación. La tienda se está hundiendo bajo el peso de la nieve que lleva cayendo horas. Silenciosa. A escondidas. Empezamos a dar golpes para sacudirla. Enderezamos los palos. Hay mucha humedad. Quizás eso contribuya a la sensación de ahogamiento.

Abro la tienda y el frontal deja ver la nevada. Caen los copos. Silencio total. Tomo aire.

Nos hemos desvelado. Charlamos un rato. Cada poco damos unos puñetazos a la tienda, y escuchamos cómo las placas de nieve se deslizan sobre el nailon y caen al suelo.

Recordamos con fuerza las palabras de la gente: no ya es época seca, ya no llueve más. Pienso en el Parinacota. Una nueva capa de nieve a sumar. La cota de nieve empieza ahora en los 4100, mil metros más abajo.

Va a ser un bonito día.

*

Gerardo sale de madrugada. Es el primero en hollar la nieve recién caída. Es el primero en varias leguas a la redonda. Cuando Gerardo sale a buscar gatos el resto de la humanidad duerme.

Yo sigo en el saco una hora. Hemos quedado en la piedra en la que ha dejado los apechusques, para ahorrarse cargar con ellos en terreno donde ver al gato es improbable. Llevaré el desayuno: una mandarina y un pan con nocilla por cabeza.

Utilizo la tapa del taper como pala para remover la nieve alrededor de la tienda. Vuelvo a tensar los vientos. Dejo el campamento más o menos apañado y comienzo a caminar. Sigo las huellas de Gerardo. Paso el corral de llamas. Silenciosas. Cubiertas de nieve. Me miran. Escucho el crujir de la nieve. Y me deleito. Naturaleza pura.

Campamento 2 tras la nevada

El cachorro me sigue con la mirada mientras me pierdo monte arriba ¿Adónde irá se pregunta?

Nieve, nieve, más nieve. El paisaje, a medida que cobro altura, es impresionante. Los geiseres humean con más fuerza, dejando ver sus penachos de vapor. Tras la tormenta vino la calma. El sol empieza a cobrar fuerza. Una vez más no me he dado crema. Tengo la frente quemada, parece cartón piedra. He traído cuatro botecitos de crema, de esos que regalan de muestra, para los dos. Y uno de ellos no lo encuentro. Así que sólo me doy crema en la nariz. Que también se ha quemado, por cierto. Me acuerdo de Leo ¿Llevarás crema no? Sí, sí, claro. Por poco previsor cedo mi gorra a Gerardo.

El cachorro de mirada incomprensiva: ¿Adónde vas a con la que ha caído?

 Las llamas y la nieve

*

De repente veo un rastro que cruza el camino. El gato. Y las huellas de Gerardo se salen del camino. Obvio. Empieza entonces un juego muy entretenido. Gerardo va a seguir estas huellas pase lo que pase. Me decido a seguirlas. Las del gato se meten por en medio de las queñuas, suben por cualquier sitio. Las de Gerardo son más conservadoras. Dan pequeños rodeos.

Encuentro un envoltorio de calentadores en el suelo. Ahí las huellas se bifurcan. No entiendo bien al principio. Sigo las que van monte arriba. A medida que subo comprendo el mensaje de Gerardo. Se ha desviado para coger el telescopio. Ha vuelto al cruce y ha tirado valle abajo. Así que vuelvo sobre mis pasos. La confusión de rastros empieza a ser inquietante.

Recupero las huellas del gato. Un alivio. Sigo. Estoy hecho polvo. Me concedo un sorbo de agua. El déficit de calorías sigue aumentando.

AUDIO. Persiguiendo a Gerardo que persigue al gato

Después de subir y bajar el rastro va hasta unas piedras. Veo las huellas de Gerardo que hacen varios intentos por trepar. Lo imito. Hay una confusión imborrable. Aquí se acaba la historia. No me he encontrado a Gerardo apostado con el telescopio, como yo esperaba.

Sigo las huellas humanas, que ya caminan solas. Llego hasta la piedra. Veo la mochila con el telescopio. Meto un pan, el bote de nocilla que está a medias y la mandarina. Ya se lo comerá en algún momento.

Por fin nos vemos. Gerardo ya volvía para el campamento. Nos encontramos. Ha sido una pena no haber hecho uso de los walkie talkies, que para algo los hemos traído.

El rastro de uno que sigue un rastro

AUDIO. Encuentro con Gerardo tras la infructuosa persecución

*

La nieve se funde y se convierte repentinamente en arroyos abrasivos que excavan cauces. De la quietud al dinamismo provocado por la mezcla de gravedad y nieve derretida.

Las llamas finalmente pudieron pastar. Los bofedales están más anegados que de costumbre. Nos sacamos las botas y los calcetines. Pretendemos secarnos antes de que la noche caiga. Gerardo tiene las botas empapadas. Ya está elaborando un nuevo plan de asalto.

El día va abriendo, la nieve se derrite, quedan imágenes hermosísimas


"Escribo como terapia. Para entender el mundo. Intento aprender a escribir. Me enseño a escribir. Está claro que soy escritor. Porque escritor es el que escribe." J.M. Valderrama

jmvalderrama:


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