Mundo niños

8 septiembre, 2019 / Impresiones vitales / 1 Comentario

La construcción narrativa tiene varios propósitos. Evadirnos y entretenernos puede ser uno de los que se nos ocurran intuitivamente. Hay otro, sin embargo, que a mí me resulta mucho más atractivo, y es la contribución del relato de los hechos a la paz mental. Somos animales en busca de sentido.

Conseguir que una explicación capture y sintetice parte de la confusa y ramificada realidad es esencial para entender determinadas situaciones creadas por el zarandeo que nos produce la vida.

Esta faceta de la literatura no persigue establecer una verdad, si no un relato coherente que hilvane los hechos dispersos. De esta forma se entronca en lo que Nassim Nicholas Taleb denominó la Falacia Narrativa.

Desde que empecé a frecuentar el Mundo niños, cosa que empieza antes del nacimiento de la criatura, no he levantado cabeza. Uno llega a esa situación con una serie de consejos más o menos bien intencionados, lo que ha podido ir viendo en su escaso contacto con esa realidad ajena y pegajosa, y un buen saco de prejuicios obsoletos. Un bagaje ciertamente pobre que, aunque tuviese una nueva vida y me enfrentase de nuevo a la paternidad, no creo que mejorase mucho.

La ansiedad, la frustración, la mala hostia, son mis señas de identidad tras una vida que me parecía más o menos plena y satisfactoria, pese a todas sus debilidades y fracasos. Al ser padre todo cambia. Pude comprobar cómo las emociones te llevan del amor más puro a la desesperación. Cómo la falta de sueño altera cualquier propósito bienintencionado. Cómo uno es bastante menos fiable de lo que creía. Bastante menos resistente de lo que pensó. La vida, tal y como la conocías, se va desmoronando. Queda en pie un solo principio: que no tengo principios. Surge una enseñanza: no juzgues.

Fueron pasando las semanas, los meses, a golpe de comportamientos ciclotímicos, sintiendo envidia por todo lo que hacen los demás con los niños, obviado la cara b de esas vidas tan fantásticas que se exageran y deforman en los episodios melancólicos. Cuando permites que esos pensamientos invadan tu mente, acabas perdiendo los papeles.

Las excusas son el primer signo de debilidad: Es que mi niña no se duerme en el carro y por eso mi vida social es un desastre. Es que mi niña no come y todo se complica. Es que mi niña no quiere carro, solo brazos y jamás voy a poder salir de esta cárcel. Es que mi niña [póngase aquí cualquier cosa negativa].

Las cosas cambiaron hace unas semanas. En realidad, no cambió nada. Lo único que sucedió es que, en un largo viaje en coche entre Pontevedra y Almería, mi mujer enunció una tesis que por fin daba sentido al desesperante caos que me ha envuelto en esta fase tan complicada como es la paternidad.

Comprender la situación, ilustrada con unos buenos ejemplos, ha rebajado mucho mi estado de ansiedad permanente. Una cosa es no saber qué te pasa. Otras es que te explique tu enfermedad, aunque sea mortal.

La tesis, en resumen, viene a decir lo siguiente: no es por la niña, es por nuestra forma de ser. Me explico:

Podemos dividir el mundo en dos tipos de personas. a) Las que son más extrovertidas, dicharacheras, sociales, abonados a reuniones familiares, fiestas, bares, eventos, conciertos, etc. b) Los que son más introspectivos y aman los espacios tranquilos, la soledad elegida, la lectura, cosas así.

Yo soy un b) como la copa de un pino.

Y resulta que mi mujer también, aunque a veces da el pego y se hace pasar por una a).

El Mundo niños te aboca, aunque te resistas con todas tus fuerzas, a actuar como un a). Y ese es el problema. Los que tienen esa personalidad se adaptan mucho mejor a la maternidad/paternidad. No voy a decir que sea fácil porque la/el niñ@ pone sus dificultades. Pero el contar con una red social –donde seguro que hay más niños- ayuda a sobrellevar la carga mucho mejor. Compartir en los parques con otras madres/padres, juntarse en el aperitivo con varios carritos y dejar que los niños lloren/peleen/jueguen/se diviertan tiene unas inmensas ventajas en esta fase de la vida. Llegas a casa con el niño más cansado, relajado tras ver qué tú y tus colegas compartís trinchera en el frente de batalla.

El problema de ser una b) es que uno rehúye cualquier atisbo de masificación o agrupamiento y, como es lógico, se come solo la crianza y le parece mucho más difícil de lo que para los tipo a) puede ser. No es que no salgas de tapas porque te ha salido un niño que no duerme. No sales porque cuando da la feliz casualidad de que el niño se duerme, abres un libro y escuchas a Brad Meldhau, bajito (no digo el Köln Concert de Keith Jarret y eso lleva más de una hora; para cuando sea abuelo lo intento).

En Vigo pude comprobar la fuerza de esta tesis. Julia se durmió por primera vez en su vida en un carro con 2 años y un mes. Lo que hicimos mi mujer y yo fue meternos en una cafetería en la que no había nadie, sonaba Antonio Zambujo y nos tomamos un café hablando tranquilamente. Hubiésemos alargado la situación varios días. Duró veinte minutos, gloria bendita.

Siendo un b), mis aspiraciones de retomar una vida de viajes al culo del mundo, escalar montañas y dormir en el campo, tienen que esperar. Porque esas cosas me gusta hacerlas solo o en compañía de uno o dos buenos amigos (tres fuimos en el Himalaya, el grupo más multitudinario en el que he estado a gusto). Quiero decir, que si me voy con varias familias/niños a pasear por el campo, eso será un sucedáneo, un producto adulterado. Será parte de las obligaciones sociales que uno contrae al tener hijos, como si va a un parque de bolas o a un cumpleaños (esto de los cumpleaños merece un estudio aparte, porque vaya tela) pero no cuenta como una actividad elegida.

Comprender todo esto, con los razonados e ilustrativos ejemplos de mi mujer, me ha transformado. Ese es el poder de la narrativa, la verdad de las mentiras que dice Vargas-Llosa. A mí me sirve el argumento. Además, por otra parte ¿cuál es la verdad? Cada uno tiene la suya.

Por eso me gusta escribir. Porque me calma poner en orden las ideas. Es que soy tipo b), qué le vamos a hacer.


"Escribo como terapia. Para entender el mundo. Intento aprender a escribir. Me enseño a escribir. Está claro que soy escritor. Porque escritor es el que escribe." J.M. Valderrama

jmvalderrama:


1 Comentario

  1. Alberto

    10 septiembre, 2019
    / Responder

    Se puede ser introvertido y pasarlo bien en el parque, si te fijas la mayoría de los padres/madres lo son (60% estadisticamente) tan solo tienes que hablar con la gente uno a uno, esto es muy fácil en ese tipo de situaciones. Lo difícil es hablarle a 12 personas a la vez. b) is good, make the most of it


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