Un ‘Nature’ gracias a una perspectiva diferente

En mi devenir como escritor me cuesta, como he dicho otras veces, separarme de la literalidad y dejarme llevar por la ficción pura. Parte del problema es que mi faceta profesional bebe de los hechos bien referenciados. Las habilidades que requiere escribir artículos científicos me penaliza cuando trato de abordar asuntos puramente literarios.

Aún no he tenido mucho éxito en separar ambos mundos. He utilizado autorías distintas para uno y otro asunto pero al escribir divulgación científica el conflicto se muestra con toda su crudeza. Este es un campo que me gusta y al que dedico tiempo en forma de colaboraciones con distintos blogs y alguna pieza en este.

Utilizo de dos maneras la escritura de posts divulgativos. Sirven como corolario de trabajos ya desarrollados y en este sentido tratan de acercar a un público no especialista en ciencia lo que se publica en las revistas científicas. Pero también se pueden escribir al principio de la cadena de producción, es decir, antes de desarrollar un trabajo de investigación.

El estilo menos férreo y más especulativo de un blog permite cierta libertad de movimientos que se agradece a la hora de pensar sobre temas nuevos. Con estas premisas comencé a escribir sobre las regiones hiperáridas. Desde que empecé a estudiar el grave problema de la desertificación, me llamó la atención que no se tuviesen en cuenta estas zonas. Si la desertificación era un problema específico de las zonas áridas, ¿por qué se excluían las zonas más áridas de todas?

En poco tiempo tuve el manuscrito. Se lo envié a Fernando T. Maestre, que me había contratado para trabajar en el proyecto BioDesert y que valoraba estos esfuerzos de divulgación. Junto a Santiago Soliveres, gestiona el blog Arida Cutis, de Investigación y Ciencia, y me parecía que tenía un texto que podía encajar bien. Fernando lo leyó y enseguida me contestó. Aprecio estas contestaciones más o menos rápidas, sean favorables o no. Contar un feedback rápido ayuda a mantener el entusiasmo y el impulso inicial. Cuando las respuestas se demoran (a veces hasta el punto de no llegar) la incertidumbre campa a sus anchas. Entonces surgen las dudas, la desconfianza y la idea empieza a ser pasto de nuestro juicio más crítico, menospreciando los aspectos más originales e impulsivos. La respuesta, en este caso, fue algo más que positiva. Para mi sorpresa recibía una propuesta atrevida: ¿Y por qué no lo mandas a Nature?

Es aquí donde se da el punto de inflexión de esta historia y donde las personas muestran su valía, su olfato, al margen de reconocimientos académicos y méritos objetivos. Más allá de que Fernando sea uno de los ecólogos más reputados a nivel mundial (p.ej. en 2020  fue el único español nombrado ‘Fellow 2020’ de la ESA) con este juicio mostraba su amplitud de miras. Su propuesta, lejos de ser descabellada, dio finalmente en la diana.

Bajo el nuevo enfoque el manuscrito requería retoques mayores. Aunque se trataba de hacer un Comment, que admite un tono divulgativo, no podía quedar ni un cabo suelto. Cualquier afirmación, hipótesis o dato tenían que estar justificado y respaldado. Las ideas originales permanecieron y en unos meses teníamos un manuscrito que fue bien valorado por el editor y los revisores de Nature Sustainability.

Tras un trabajo minucioso, junto a Emilio Guirado y Fernando, finalmente llegamos a un manuscrito listo para ser publicado. Con el último retoque de nuestro colega de Biodesert David Eldridge terminamos de pulir el inglés y por fin, el 22 de junio, publiqué mi primer Nature. Sé que el hito es únicamente personal pero quería dejar esta reflexión. Hay que confiar en las ideas que uno tiene. Y hay que pegarse a la gente que te da alas, la que te mejora y alienta. Y hay que ser agradecido y acordarse de ellos cuando te necesiten. Esto es extensible para cualquier aspecto de la vida.  


"Escribo como terapia. Para entender el mundo. Intento aprender a escribir. Me enseño a escribir. Está claro que soy escritor. Porque escritor es el que escribe." J.M. Valderrama

jmvalderrama:


9 Comentarios

  1. José Manuel

    24 junio, 2020
    / Responder

    Gran artículo, gracias por ese trabajo científico y por destacar a quien lo impulsa.

    • jmvalderrama

      25 junio, 2020
      / Responder

      Gracias por el comentario y el interés

  2. Alfonso Girón

    24 junio, 2020
    / Responder

    bravooooo!!!

    • jmvalderrama

      25 junio, 2020
      / Responder

      Gracias maestro!

  3. flamenquinescondurian

    24 junio, 2020
    / Responder

    Enhorabuena Jaime, vi el otro día el artículo en la cuenta de Twitter de Fernando. Sois unos cracks.

    • jmvalderrama

      25 junio, 2020
      / Responder

      Gracias Miguel!! Espero que vaya todo bien. Abrazos

      • flamenquinescondurian

        29 junio, 2020
        / Responder

        No voy mal. Vivo ahora en Paises Bajos y como tú, estrené paternidad recientemente. Un abrazo grande, ¿Tú sigues por Almería?

  4. Alberto Guerrero

    25 junio, 2020
    / Responder

    Enhorabuena! Gran articulo!

    • jmvalderrama

      25 junio, 2020
      / Responder

      Gracias!! Rompí la racha, llevaba desde febrero sin escribir aquí. Es dura la pandemia, pero más la crianza. Y la mezcla ni te digo


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