Cartas desde Sajama. Entre pumas y geiseres

El nuevo campamento está a 4400 m, junto a los geiseres. Aprovechamos esta fuente de calor para varias cosas. Nos hemos hecho una infusión con las aguas salobres y la hoja de coca que conseguimos en Sajama. También rellenamos botellas con el agua caliente y nos la metemos entre los jerseys, dentro del saco. Es bastante reconfortante.

El valle de los geiseres en su parte baja

Los geiseres son pozas de aguas limpias. Agua que mana de un agujero inquietante. Si uno se cayese ahí dentro lo mismo llegaba al centro de la Tierra. Eso sí, llegaría escaldado. >>seguir leyendo


Cartas desde Sajama. En busca de huevos fritos

Gerardo da infinitos paseos a la laguna, a la piedra en la que tiene el telescopio. Por la noche, al atardecer, al amanecer. Así que está más en forma que yo, pero también más dañado. Los sabañones empiezan a afectarle. La punta de la nariz empieza a estar negra.

No he hablado del francés que apareció ayer por el campamento. Ya han venido cinco visitantes, todos franceses. Dos parejas y uno solitario. El de ayer venía con pareja, una chica tímida que además no hablaba español, por lo que el tipo llevaba la voz cantante. >>seguir leyendo


Cartas desde Sajama. Colección de miedos

Estoy obsesionado con subir a la segunda de las lagunas. Gerardo dice que se va a descansar a la tienda. Decido continuar solo. Decido enfrentarme a la montaña. Y mira que no estaba nada bien por la mañana. Otra vez la caja torácica no carbura. No se expande. La junta de la culata debe de ser. Y queda poco para el intento al Parinacota. Si sigo así no voy a poder subir.

Campamento 3 (4585 m)

Estoy enrabietado así que decido ir a la maldita laguna de una vez por todas. Me da igual que esté el terreno minado. >>seguir leyendo


Cartas desde Sajama. La cima

Pasamos la última noche en el valle. Gerardo sigue impenitente yendo a su piedra. Rondando por la laguna, caminando sin descanso a ver si el gato se quiere dejar ver.

Amanece y poco a poco me sacudo el frío. Reúno el coraje suficiente para salir del saco. Me pongo el plumón. Abro ‘la puerta’ y me golpea la intemperie. El valle está aun en sombras.

Perezosamente camino hasta el torrente. Aquí ya no hay aportes de aguas cálidas y meter las manos en la corriente para llenar las botellas es doloroso. Nada más enroscar el tapón envuelvo las manos en dos pares de guantes. >>seguir leyendo


Squash. Squeeze

3 abril, 2012 / Relatos / 0 Comentarios

Salgo con la bolsa deportiva cargada con dos raquetas de precisión. Es una tarde soleada, pero el viento la convierte en desapacible. Por eso no tengo remordimientos de tener que coger el coche y tener que cruzar toda la ciudad. Porque no es día para estar junto al mar; los arenales agresivos. Aunque voy a jugar al squash llevo una ropa medio decente. Pantalones, una americana. Una camisa.

Soy consciente de que las botas de treking terminan por no encajar en el cuadro. Dicen los psicólogos que lo importante es ser consciente. Pues ala, yo ya he cumplido. >>seguir leyendo


Sahara Unveiled, de WILLIAM LANGEWIESCHE

Una obra maestra por los cuatro costados. Es un libro muy equilibrado en el que las descripciones son compactas y contundentes -las dos páginas dedicadas a Niamey, la capital de Mali, son insuperables- hay contenido didáctico –nos habla de los tuaregs, de la desertificación, de la colonización francesa, del proceso de deshidratación del cuerpo humano- y hay una hilo conductor –atravesar el Sáhara- que te mantiene atrapado. Deseas avanzar, ver más sitios, y te da pena que queden cada vez menos páginas. >>seguir leyendo


Cartas desde Sajama. La vuelta

Ayer, después de colgar contigo, las cosas cambiaron radicalmente. No pasó nada, pero pudo pasar. Por eso estoy en el hotel, escribiendo esta carta después de un opíparo desayuno.

No pudo ser la cervecita en las aguas termales. Al poco de llegar al hotelito cochambroso de Sajama que habíamos pagado por adelantado una señora nos dijo que había problemas en la carretera. Era una guía turística que andaba con unos franceses por la zona. Tuvo la buena idea de avisarnos que una comunidad ha cortado la Ruta 4. Reclaman su propia carretera. >>seguir leyendo


Un café de mierda (Memorias de un oficinista)

Procuro desayunar todos los días. Me costó coger el hábito. Pero es mejor así. Al principio me parecía imposible tragarme los cereales de avena con pasas. El muesli. O el moyuelo como le dice Javi. Yo lo llamo pienso para caballos. Solo de pensarlo se me secaba más la boca. Se me atascaban las partículas en la garganta. Con yogur por encima no está mal. Regula el tránsito, como dicen en la tele. En un esfuerzo sosegado por armonizarme con la verdadera naturaleza de mis intestinos acompaño el pienso con una taza de té verde. >>seguir leyendo


El antropólogo inocente, de NIGEL BARLEY

Un libro muy divertido que cuenta las andanzas de un antropólogo en plena selva africana tratando de estudiar a la tribu de los dowayo. No puedo dejar de citar al propio autor –hay muchas para enmarcar- para mostrar el tono de la novela y los objetivos que persigue. Dice así cuando acude a la embajada camerunesa a pedir el visado de entrada al país: “La principal dificultad reside […] en explicar por qué el gobierno británico considera provechoso pagar a sus jóvenes súbditos cantidades bastante importantes de dinero para que se vayan a zonas desoladas del mundo con el supuesto cometido de estudiar pueblos que en el país son famosos por su ignorancia y atraso. ¿Cómo era posible que semejantes estudios fueran rentables? Evidentemente, había algún tipo de propósito oculto. El espionaje, la búsqueda de yacimientos minerales o el contrabando habían de ser el verdadero motivo. La única esperanza que le queda a uno es hacerse pasar por un idiota inofensivo que no sabe nada de nada”. >>seguir leyendo


Sacar la basura

17 febrero, 2012 / Relatos / 0 Comentarios

Por las noches hay que sacar la basura. Es la costumbre que se ha ido estableciendo. Relegar esa tarea doméstica al último lugar. Siempre es un incordio, antes de dormir. Tener que arroparse, anudar las bolsas y enfrentar el silencio de la noche. La intemperie.

Aquí no hay camión de la basura. Existe un circuito subterráneo que lleva las bolsas de un lado para otro.

Sin embargo, cuando me calzo en el pasillo, cerca de la medianoche, lo hago con cierta prisa. Es la inercia de tantos años. La costumbre de actuar al límite de los horarios. Cuando escuchaba el camión de la basura rugir en la cuesta de San Francisco. Y salía a toda prisa. >>seguir leyendo