Verano

20 Septiembre, 2012 / Relatos / 1 Comentario

El paseo marítimo lleno de gente. Tenderetes que ofrecen baratijas, chucherías.

Todo más sucio. Papeles. Manchas de grasa. Olor a fritanga.

Salir a tirar la basura sin camiseta. En plan hortera.

Ruido hasta las tantas. Que se cuela por las ventanas abiertas. Como se cuela el sonido de los grillos.

Noches en vela. Enredado en el empapado amasijo de sábanas.

Me tumbo sobre las baldosas frescas para encontrar un rato de sueño.

La universidad vacía. Sobrevive el Romera. Especialidad en paella con caracoles. Clientela escasa que sale de edificios enormes, con aspecto de hangar abandonado. Un personal mínimo que les mantiene las constantes vitales.

Arena de playa en las casas. Cenas tardías.

El telediario que da siempre la misma predicción del tiempo. El maldito anticiclón de las Azores. Soles pintados en todas las provincias. Más calorazo.

Hormigas, insectos alados. Bichos que prosperan en la humedad del huerto.

El inesperado tacto áspero de las matas de calabacín. Nada que ver con la piel gomosa de la hortaliza.

Nuevas amistades. Endebles. Precarias. Fugaces. Encantado, encantada.

La vida tranquila perdida. Meses de bullicio.

Visitas que trastocan la cómoda rutina. Consolidada a base de prueba y error.

Visitas que aportan un soplo de frescor. Nuevos puntos de vistas.

Visitas que se levantan tarde.

Chiringuitos atestados. Crujientes chicas que dejan ver su tostada piel. Incluso la que ocultan celosamente el resto del año.

Y chicos que se depilan para que no pasen desapercibidos sus músculos. El resultado de muchos meses de gimnasio y de sacrificadas dietas.

Ventiladores que revuelven el aire calenturiento. Aparatos de aire acondicionado que revientan la garganta.

Cielos polvorientos. Pegajosos.

Vecinos molestos que están de barbacoa hasta las tantas. Vocingleros. Envalentonados por el alcohol y el anonimato del grupo.

Una bolsa de aire africano sopla de levante. Machacando las plantas.

Medio grogui por el continuo bofetón del calor.

Helicópteros buscando pateras.

La ropa se seca instantáneamente en el tendedero. Las toallas quedan como de cartón.

Piel salada.

Ruido, ruido.

Las gotas de lluvia caen, por fin, en este pedazo de papel.

Moviendo la tinta. Cerrando el verano.


"Escribo como terapia. Para entender el mundo. Intento aprender a escribir. Me enseño a escribir. Está claro que soy escritor. Porque escritor es el que escribe." J.M. Valderrama

jmvalderrama:


1 Comentario

  1. Pepa Pupas

    6 Noviembre, 2013
    / Responder

    Mi estación preferida sin lugar a dudas!!


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