Un puente sobre el Drina de I. ANDRIC

9 octubre, 2011 / Reseñas / 0 Comentarios

Una novela deliciosa que nos cuenta cómo transcurre la Historia de los Balcanes. Para ello el autor –premio Nobel en 1961, a todo esto- se centra en la pequeña localidad de Visegrad y selecciona un período de unos trescientos años que van desde la construcción del puente que se hizo para salvar el río Drina –la unión simbólica y real entre Oriente y Occidente- hasta su destrucción, cuando ya el puente y la región dejaron de ser un punto geoestratégico.

La barbarie y la violencia que han marcado esta zona queda patente en el libro. Uno de los pasajes más impactantes que jamás he leído aparece aquí: el empalamiento de un saboteador del puente pone los pelos de punta. >>seguir leyendo


El dentista

23 septiembre, 2011 / Relatos / 0 Comentarios

Tuve que ir al dentista. Otra vez. Mira que al despedirme del doctor la última vez quedamos en que no me verían por allí hasta la limpieza bucal, que es en diciembre, justo antes de las Navidades. Para afrontar las comilonas y los encuentros familiares libres de sarro, aunque, si te digo la verdad, los dientes empiezan a amarillear o ‘marfilear’ más bien rápido. En dos semanas comienza a borrarse el recuerdo inmaculado de los ultrasonidos cincelando el esmalte. Antes, tras cada limpieza, me costaba retomar las pipas, las pipas de fumar digo, pero he ido venciendo esa resistencia y como sé que el resultado final va a ser que los dientes se vuelvan amarillos nicotínicos dejé de condicionar el jodío fumeque a la limpieza bucal. >>seguir leyendo


Cuatro hermanas de J. CARLETON

13 septiembre, 2011 / Reseñas / 1 Comentario

Excelente. Una joya encontrada de manera más o menos casual. No puedo mentir. Lo primero que me llamó la atención fue la portada. Tres jugosos pares de muslos. Que deberían ser cuatro. Tres jovencitas en el campo. Aunque deberían ser cuatro. El objetivo de la cámara se situó por debajo de las chicas, lo que da un aire de grandeza a la fotografía en blanco y negro.

Después vi una reseña en el Babelia. Me pareció interesante. La recorté y la guardé en mi archivo. Volví a topar con el libro en la estantería de una librería. El libro pertenece a una editorial joven (http://www.librosdelasteroide.com/) que tiene un catálogo muy atractivo compuesto por libros que han ido escapando a las editoriales tradicionales (por ejemplo todas las trilogías de Robertson Davies). Tenía dudas y eché un vistazo a la contraportada: ‘De los cientos de novelas que he editado esta es la única que realmente he releído en varias ocasiones’. Dice el editor original de la novela. Eso fue lo que me llevó a comprarla. Y fue un acierto. >>seguir leyendo


Qué escribir

11 septiembre, 2011 / Relatos / 0 Comentarios

Por entonces creía que la literatura consistía en pensar muy fuerte muy fuerte. Así: mmmmmmnnnmm…mmmmmnnn. Sobre algo concreto. A ver si salía algo. Algo así como parir (o cagar): ¡Empuja, empuja!, pero haciendo fuerza con los sesos. Tratar de concentrarse en un género o subgénero concreto –con lo volubles y subjetivos que son- adoptar el tono pertinente y dejar que la pluma o la máquina de escribir –entonces el ordenador era algo muy lejano- rellenase páginas casi de forma automática. >>seguir leyendo


Día 5. De vuelta a casa

Quedan restos de humedad en la funda de vivac. En el saco y el paraguas. En todo aquello que se expuso a la intemperie. Parece una provocación infantil al secador que es el viento de levante. Utilizo la mañana del sábado para ir reubicando las cosas que me llevé. Y constato que me volví a llevar ropa de más. En efecto, cuatro calzoncillos de repuesto era un exceso. Me sobraron los cuatro. Tiene razón Gerardo cuando dice que con tres hay de sobra. Se refiere a los viajes largos, de un mes para arriba. Uno para el avión de ida. Otro para el de vuelta. Y otro para la estancia. En el caso de una pequeña expedición como esta con uno bastaba. Como se ha demostrado. >>seguir leyendo


Día/Noche 4. Puertos de montaña

Al poco de amanecer estamos en pie. Desmontando el campamento no sea que se acerque un pastor y nos vea abusando de la propiedad privada. Despertarse es incómodo. El sueño no me abandona, los ojos no quieren despegarse. Hace frío. Algunos dolores articulares me impiden moverme con soltura. En breve todo está dentro de las mochilas otra vez.

El paisaje sigue vacío de paisanaje. De Monasterio de Hermo -es con h, lo escribí mal en otro post- para arriba no hemos visto a nadie estos días. Volvemos hacia el coche, allí está la despensa, o lo que queda de ella. Por el camino vamos atentos. Esta sigue siendo buena hora. Encontramos otra morera cargada. Una buena dosis de antioxidantes y fibra para empezar el día. A Gerardo le gusta ir recolectando y acumular las moras en una mano. Luego se las mete todas de golpe y por las comisuras de los labios se le escapan unos goterones negruzcos. Yo voy de una en una. A veces el sabor cambia. Un mal sabor. Un bicho que se estaba comiendo la baya antes que yo. Son chinches, dice Gerardo. La verdad es que sí. Al menos saben a eso que huelen las chinches. Un olor dulzón que resulta amargo. >>seguir leyendo


Día/Noche 3. Las Fuentes del Narcea

Como si fuésemos garduñas nos dedicamos a vaciar de moras los racimos que, combados por el peso de la cosecha, se apoyan en el firme de la carretera. Gerardo anda obsesionado con la lista top ten de los alimentos anticancerígenos, que incluyen las bayas. Cerca de la cargada morera se ven los excrementos de los animales que previamente se inflaron de antioxidantes. ‘Este es un buen sitio para esta noche. Aquí vienen los vivérridos a comer. Y puede que también el oso’. Es cierto, aunque los osos van ahora a por los arándanos, y según nos ha contado un guarda y nosotros hemos observado, no hay muchos este año. >>seguir leyendo


Día/Noche 2. Valles mineros en decadencia

Una lluvia fina se va apoderando de la mañana. Desayunamos apresuradamente unos frutos secos y un litro de horchata. Gerardo viene de dar un paseo cuando termino de despegar los ojos y juntar fuerzas para salir del calor del saco. Ha sorprendido a una garduña que merodeaba entorno al improvisado campamento. La he tenido a tres metros y ni me he enterado.

Bajamos hasta Cangas de Narcea para volver a subir a la montaña. Nos interesa explorar los valles del río Tablizas –que atraviesa la reserva de Muniellos- y del Narcea. Este pretendemos seguirlo hasta su nacimiento, dejando atrás la última población del valle -el Monasterio de Ermo- y subiendo hasta el collado donde, según el mapa, están las fuentes del Narcea. Buscamos pistas por las que caminar de noche. De vez en cuando paramos, nos bajamos y echamos un vistazo. A la búsqueda de excrementos y huellas que delaten a los carnívoros que por aquí habitan. Las pistas muchas veces están invadidas de vegetación. Zarzas, ortigas. Territorio abandonado. >>seguir leyendo


Día/Noche 1. Vivérridos

En Andújar me encuentro con Gerardo. Dejamos uno de los coches y continuamos hacia Madrid. Allí tomamos la M50, que nos sirve para conectar la A4 con la A6. Cuando cruzo la periferia del noroeste se me van agolpando recuerdos. Los caminos que corrí con ‘Eljose’, el campo que cribé con Matías, las rutas en bici con Pasape –casi todas ellas sepultadas por cemento y asfalto- los partidos de fútbol. Allí, en ese pedacito de mundo, vive gente que quiero.

La nostalgia da paso a Castilla. Campos se cereal recién segados. Villorrios centenarios y desgastados. Territorio áspero que empieza a ondularse. En León aparecen las montañas. Manchas verdes. Nubes. Por fin en Bembibre dejamos la autovía y seguimos el curso del río Sil. Discurre entre monte cerrado. Bosques húmedos y sombreados. >>seguir leyendo


A la búsqueda de carnívoros

La expedición, viaje o excursión fue concebida hace tiempo. Formaba parte de una triada de viajes que nos serviría para partir el verano en pedazos más digestibles. Uno de ellos no pudo ser. El otro, sí, a Sierra Nevada. Tres días y tres noches de caminar entre lascas de pizarra, biomasa fresca y estropajosa. Acompañados por el sol y las nubes de evolución diurna que no quisieron aportar agua. Tan solo se dignaron a soltar un par de truenos, que quedaron amortiguados por la lejanía.

Ahora se trata de ir a buscar carnívoros. A Asturias. Y reponerse del levante que reseca cualquier intento de sacar unas horas de trabajo más o menos digno. >>seguir leyendo