Relatos variados, introspectivos, historias basadas en hechos que ya no sé si son reales

Recuerdos. O eso creo

19 Marzo, 2017 / Relatos / 1 Comentario

El tiempo coagulado. Así lo sentía al pensar en ello, sentado frente al mar, la mirada perdida. Como envuelto en un líquido espeso, almibarado, turbio.

Como los reptiles que los museos atesoraban en una infinita colección sumergida en formol. Pretendiendo que el tiempo no pase por ellos y sean eternos para que los contemplen generaciones futuras.

Al sacarlas del líquido amarillento se deshacían en una pasta detrítica. Nada es incorruptible. Ni los recuerdos. Todo aquel tiempo coagulado era un espejismo que se descomponía al entrar en contacto con la realidad.

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El coche

3 Marzo, 2017 / Relatos / 0 Comentarios

Nunca fue el típico niño al que le apasionasen los coches. Por imitación, por no sentirse excluido, corría con sus amigos a asomarse a la ventanilla de los coches aparcados en la calle y, al percatarse de que el velocímetro tenía una rayita que ponía ‘220Km/h’, exclamaba asombrado: ¡Hala! ¡Qué pasada chaval!, sin llegar a comprender el verdadero alcance de la cifra.

Heredó un Peugeot 205. Fue su primer vehículo. No lo cuidaba mucho. Era algo práctico. Le llevaba a la universidad. Le servía para conocer los alrededores de Madrid. No estaba pendiente del mantenimiento. Lo básico. Llenar el depósito de agua para los limpiaparabrisas. Lavarlo de vez en cuando. Un día, en la recta de Olmedo, camino de Valladolid, le reventó la junta de la culata. Entonces se vio obligado a comprar su primer coche.

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Lo dorado

15 Enero, 2017 / Relatos / 1 Comentario

Al atardecer, las sombras que proyectan los edificios crean un fondo fresco que permite sacudirse el calor del día. Entre la arquitectura urbana se filtra la luz dorada del atardecer, la misma que ha ido barnizando las descarnadas laderas del desierto de Tabernas. La misma que rebota en los mástiles de los barcos que descansan apaciblemente en el puerto de Aguadulce. Con esos contrastes busco aparcamiento por la zona azul. Jugando con el parasol del coche.

I didn’t know what time it was then I met you

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Silencio

Con el paso del tiempo la razón de hacer algo va cambiando. Probablemente la motivación, pasada determinada edad, solo se sostiene en tanto en cuanto hacemos cosas por otros. Ese es uno de los grandes peligros de la soledad. No tener nadie de quien preocuparse. Dejarse. Caer en la desidia más absoluta.

Uno se obliga a madrugar porque tiene que sacar al perro. Se caga en el perro, en el frío y en todo. Pero al final se alegra de tener un perro que agradece que lo paseen.

Uno se obliga a ir al veterinario porque el gato se clavó no se qué persiguiendo grillos por el jardín. De otra manera, puede que prescindiese de la civilización, de coger el coche a las tantas, de ir hasta la quinta moña. Pero por el gato lo que sea.

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Granada & Humboldt

26 Noviembre, 2016 / Relatos, Reseñas / 0 Comentarios

El tren, despiadadamente lento, serpentea entre las formaciones acarcavadas del desierto de Tabernas. Cuando los temporales tienen a bien instalarse en esta parte del país, el paisaje, decolorado por el sol, adquiere matices insospechados. Llueve y la escorrentía se afana por profundizar los rasgos de un paisaje que parece sumamente deleznable.

La revisión oftalmológica ha ido a caer en un día gris de noviembre. Una de esas jornadas desapacibles que fomentan el consumo de unas buenas migas alrededor de una lumbre y echan por tierra el concepto que los turistas tienen de la provincia. En Almería también puede hacer un frío del carajo.

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Truco o trato

31 Octubre, 2016 / Relatos / 3 Comentarios

La soledad elegida es una de esas exquisiteces que ofrece el mundo occidental, el que llamamos desarrollado. Independencia ante todo. Independencia ganada a base de lucha de clases, del avance del laicismo, de la exclusión de las supersticiones. Soledad para realizarse y adornarse.

Los ratos de soledad elegidos son impagables remansos de paz. Pero la soledad extrema da pavor.

La soledad extrema da unos mordiscos que, cuando tienes fuerzas y ánimo, te sacan de la casa y te hacen desplegar una actividad inusitada. La soledad como motor creativo. La soledad que te lleva a ser el invitado perfecto. Encajas en todos los planes; cualquier cosa te parece bien: dormir de prestado en un colchón; morar en el techo de un jeep; acampar al pie de una caravana donde descansa tu amigo y toda su familia; eres el tipo gracioso que hará reír a los niños durante el desayuno.

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Cascajales y lagunas

12 Septiembre, 2016 / Relatos, Sierra Nevada / 0 Comentarios

Para explicar cómo se tritura una montaña, qué fuerzas son capaces de atomizar compactos peñones de sólida roca, hemos de recurrir al frío y al tiempo.

Por un lado están los glaciares, formidables espesores de nieve que bajo su propio peso colapsan hasta convertirse en acerado hielo que, deslizándose a favor de pendiente, se llevan por delante cualquier obstáculo. Son una especie de gigantescos bulldozers que arrancan rocas y socavan el terreno, exagerando hasta la caricatura la topografía original. Tras unos miles de años operando desfiguran el paisaje, generando un territorio lleno de discontinuidades, desniveles y hondonadas.

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Sine agricultura nihil

16 Agosto, 2016 / Relatos / 1 Comentario

A todos mis amigos de Agrónomos.

De una vez a otra la ruta no cambia. El paseo que me lleva desde Moncloa hasta la Escuela, la de Ingenieros Agrónomos, se ha consolidado con el paso de los años. Nada más salir del Intercambiador afloran los recuerdos de un pasado que es como un pecio a dos mil metros de profundidad. Reconocible, entrañable, congelado en el tiempo, pero que se disolvería al menor contacto, al tratar de reflotarlo.

El paso de los años, ya de las décadas, me saca una sonrisa conciliadora al evocar tantos momentos de angustia en aquellas aulas. No era para tanto. Tendemos a sobredimensionar las emociones negativas. Me recuerdo serio y responsable, alerta, siempre en guardia. Los futbolines en los bajos de Argüelles, los viernes por la tarde, eran la válvula de escape. Allí nos juntábamos a hacer piña, a compartir fracasos sentimentales, suspensos y exámenes que estaban a la vuelta de la esquina y ya no nos daba tiempo a estudiar. Las noches de los viernes eran una dulce tregua, un refugio fugaz, entre una dura semana y las tareas que nos acosaban, el deber de acometer montañas de apuntes y ejercicios que nunca llevaríamos al día.

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Egregio Yangtsé

23 Julio, 2016 / Relatos, Viajes / 1 Comentario

Una enorme barcaza empuja las pastosas aguas del Yangtsé. Solitaria y anónima, su avance llama la atención del viajero. Imagina su navegación impertérrita, cansina, hastiada de soportar tantas mercancías, tantos atraques, tanto soltar amarras y negociar en un idioma extraño la carga de sus bodegas. Imagina cómo los estibadores se despliegan coordinadamente y sólo con gestos, sin gastar palabras, cargan y descargan la barcaza a través de tablones untados de barro que unen la cubierta con muelles de mil puertos fluviales. Meten y sacan sacos de arroz, garrafas de aceite de mostaza, quintales de sésamo y lingotes de té verde prensado.

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Mientras tanto

Una aguerrida tropa de biólogos se afana por encontrar alzacolas, un pequeño paseriforme catalogado como especie en peligro de extinción en el Libro Rojo de las Aves de España. Se trata de estimar la población local de alzacola mediante transectos y estaciones de escucha. Montan redes para atrapar aves y anillarlas; ¿de dónde vienen? ¿adónde irán? La severidad del verano no les echa para atrás; con paciencia recorren barbechos y eriales, tierras de cultivo. Llevan parte de sus ropajes saharianos, los mismos prismáticos. La misma mochililla con los apechusques necesarios.

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