Relatos variados, introspectivos, historias basadas en hechos que ya no sé si son reales

Con ganas de Norte. San Esteban

14 julio, 2015 / Relatos / 0 Comentarios

En San Esteban de Pravia encontramos un lugar tranquilo, con historias que contar y buenos restaurantes. San Esteban es poco conocido. Dejó de serlo cuando se hundió la siderurgia, cuando el carbón perdió la partida con otras materias primas. San Esteban era una urbe de primer orden. Aquí llegó la segunda línea de ferrocarril de España, con el cometido impepinable de llevar el carbón desde las Cuencas Mineras hasta un puerto fiable, libre de temporales. Ese carbón era esencial para nutrir los altos hornos del País Vasco. >>seguir leyendo


Con ganas de Norte. Muros de Nalón

10 julio, 2015 / Relatos / 0 Comentarios

Queda atravesar Castilla y sus castillos hasta topar con las montañas astures. El Sistema Central es solo un pálido reflejo de las tierras húmedas que nos aguardan tras la cordillera cantábrica.

Es cierto que el puerto del Pico, con sus campas verdes, y la mampostería de granito de las posadas y casonas que acompañan al viajero hasta el siguiente puerto, el de Menga, permiten rescatar sabores invernales. Pero también es cierto que Van Gogh sería feliz entre los campos amarillos que se despliegan por la meseta castellana. Campos de cereal recién segados. Paja cubicada. Un sol que agosta en julio. Aguiluchos y milanos al acecho de pequeñas presas a las que las cosechadoras les robaron el escondite en un santiamén. >>seguir leyendo


Con ganas de Norte. Candeleda

8 julio, 2015 / Relatos / 0 Comentarios

En Gredos empieza el norte. El escalón que separa las dos mesetas es una frontera innegable. Asalté a pie esa muralla hace años. Puede que ya demasiados años, aunque uno, al recordar, consideré que fue ayer, que no hace tanto, que aún es joven, que no tiene la edad que tiene.

Salí caminando desde Guisando, lejos entonces de saber que los Toros de Guisando estarían presentes en un episodio clave de mi existencia: articulaban los Judíos, moros y cristianos de Cela, libro que me llevé a Bahía Negra y que me ayudaría a evadirme de la soledad y el desamparo, evocando las polvorientas tierras castellanas. >>seguir leyendo


De la Sierra do Caurel a Usera

18 junio, 2015 / Relatos / 1 Comentario

Como siempre que estoy por Madrid me encuentro con repentinas bolsas de tiempo que me pillan desprevenido. Un cambio de horario en una cita. Malentendidos. Cálculo defectuoso del tiempo que se tarda en ir de un sitio a otro.
A veces no hacer nada está bien. Cuando tienes delante las quebrada costa de los Escullos, o un paisaje de montaña. Son situaciones en las que contemplar. Sin embargo, en medio de una ciudad, en un barrio desconocido, junto a una salida de metro infestada de orines, chicles milenarios pegados al suelo y un remolino de porquería, lo único que se me ocurre es buscar un sitio en el que escribir algo.
Ese sitio es un bar de toda la vida. Uno de mala muerte propio de Carvallo. Con carteles anunciando mollejas de cordero y fritura de chopitos. Unos carteles grasientos a juego con lo que pregonan y con las servilletas arrugadas que pueblan el pie de la barra. Un bar que de alguna manera sobrevive a la expansión china en el barrio de Usera. Con tertulianos que juegan con el palillo en la comisura de los labios, mientras dan cuenta de los mismos tópicos de siempre aunque con distintos protagonistas. En lugar de Santillana Ronaldo. Y en lugar de Luis Aragonés Koke. >>seguir leyendo


La vida flotante

12 mayo, 2015 / Relatos / 1 Comentario

Los libros van llenando cajas. El rótulo apresurado pretende guardar rastro de un orden que ya pertenece a otra vida. En la N-P estarán Naipaul, Pessoa, Nabokov, Orwell. Las cajas, apiladas unas sobre otras, ocultarán esas etiquetas.

Cuando los libros vuelvan a ver la luz será como Paul Auster en The red note book. Estará en una casa casi vacía. Sin muebles. Con un rúter y cables atravesando la estancia. Sacará libros que amontonará en pilas, revolviéndolos un poco más. Se juntarán los que estaban en las cajas A-B (el propio Auster, Asimov, Baroja, Bukowski) con los de la W-Z (Zweig, Yourcenar, Winslow). >>seguir leyendo


Bendita locura (III)

De manera esquemática la última parte del reto puede resumirse así: Álex trazando una línea que va de poniente a levante. Y los comandos de apoyo entrando de sur a norte, o de norte a sur para acompañarle un tramo hasta el siguiente relevo.

Chequeo médico. Aunque parezca imposible todo en orden

Afronta esta etapa tras haber superado el control médico. Empieza la traca final con el Club de la Zubia, que le acompaña los primeros ocho kilómetros. Después, tras un inquietante tramo a solas en el que Álex se pierde y acaba entre matojos, por fin llega a los cortijos de Echeverría. Allí le esperaban Frasco y Fernando. El Negro había acumulado cierto retraso al extraviarse y el Comando Kaldera, que para entonces ya iba camino del refugio Poqueira, reestima la hora a la que llegarían Fernando y Álex al refugio de la Caldera. >>seguir leyendo


Bendita locura (II)

Enseguida las olas tapan la progresión de Álex. Bracea mar adentro para despegarse del litoral y evitar las rocas. El equipo de fotógrafos[1] toma las últimas instantáneas. Un dron se ha aventurado hasta su posición para sacarle primeros planos en el agua. Los piragüistas a duras penas mantienen el rumbo. El viento es fuerte, pero ahí están. Acompañando a Álex.

Bregando en el mar de Alborán. El Cabo de Gata al fondo.

Al día siguiente, a esas horas, el Comando Kaldera, del que formo parte, ha de partir hacia Trevélez para cumplir con su cometido. Teníamos que llegar hasta el refugio de la Caldera, donde Álex, si todo marchaba bien, llegaría de madrugada acompañado por Fernando. >>seguir leyendo


Bendita locura (I)

Un puñado de gente contempla, desde la orilla del mar, a unos piragüistas que se preparan para afrontar el oleaje. Éstos miran con recelo cómo el agua salda se deshace en espuma. Al chocar contra las escolleras que protegen la carretera que va desde Almería hasta el campus de la universidad. Entre ellos un tipo embutido en un traje de neopreno va de un lado a otro dando instrucciones, hablando con el grupo de testigos, mirando su reloj cada poco.

Esperando acontecimientos. La salida

Lo que está a punto de empezar es algo que puede romper varios moldes de una vez. Pero como suele pasar en Almería, dado el carácter tranquilo de sus gentes y poco propenso a sobresaltarse (en ningún lugar del mundo he visto yo tan poca prisa por arrancar el coche cuando el semáforo se pone en verde) excepto los cuatro gatos que permanecemos a la expectativa, cada uno va a lo suyo. Hay una especie de fiesta en el Romera, ese caustico bar que tanto incomoda al rector, y los alumnos, muy aplicados, beben cerveza a destajo. >>seguir leyendo


Comando Kaldera

24 marzo, 2015 / Relatos / 0 Comentarios

El texto de esta entrada no es mío, ha sido escrito por Isaac Ortega Góngora. 

El pandilla cuatro por cuatro de mi hermano va cargado hasta las trancas de Aquarius, Powerade, mochilas, piolets, botas y demás material de montaña.

El viaje hasta Trevélez es muy ameno y no paramos de reír. Es un día primaveral y vamos apurando las curvas; cuanto antes lleguemos al refugio más podremos descansar. Entramos en reserva hace ya un rato y necesitamos una gasolinera.

Preguntamos a un lugareño, que no da dos opciones para repostar. La más cercana queda a trece kilómetros de curvas y la otra a veinte. Nos insinúa que él no echaría en la de Pórtugos. No quiere explicar porqué. Es viernes trece y la misión empieza bien. >>seguir leyendo


Auxiliar de vuelo

12 marzo, 2015 / Relatos / 0 Comentarios

Nada es lo que parece. Y menos en un vuelo transoceánico. Treinta mil pies por encima del mar. Treinta mil. Ponlos en fila. Con una cabina presurizada a ochocientos milibares, esto es, la presión equivalente a una altura de 2300 msnm.

Todo es irreal. El dispendio de vasitos de plástico, de cucharitas, toallitas, etceterita, que van a la basura casi sin utilizar. Los pasajeros parecen una especie de marqueses en cuidados intensivos. Te tragas todas las películas que no has visto en un año. Arramblas con chocolatinas y sobrecitos de sal y pimienta. Como si no existiese el mañana. >>seguir leyendo