Un trío mal avenido

Llevaba detrás de ‘La España vacía’ de Sergio del Molino mucho tiempo. Desde que leí el argumento de este ensayo, la distancia sideral entre el campo y la ciudad, quise hincarle el diente. Los Reyes Magos me lo regalaron y pude unirme a la corriente que opina que es un libro muy bien escrito y que aporta puntos de vista interesantes que aclaran las razones del gran vacío en el que flotan las urbes modernas. Como resume acertadamente la contraportada: ‘Esa España interior del Quijote, la que divisamos desde la autovía, la de los pueblos que para algunos son la feliz aldea de los veranos infantiles y para otros el paisaje de la leyenda negra, es la España vacía de este ensayo’.

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Lo dorado

15 Enero, 2017 / Relatos / 0 Comentarios

Al atardecer, las sombras que proyectan los edificios crean un fondo fresco que permite sacudirse el calor del día. Entre la arquitectura urbana se filtra la luz dorada del atardecer, la misma que ha ido barnizando las descarnadas laderas del desierto de Tabernas. La misma que rebota en los mástiles de los barcos que descansan apaciblemente en el puerto de Aguadulce. Con esos contrastes busco aparcamiento por la zona azul. Jugando con el parasol del coche.

I didn’t know what time it was then I met you

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Silencio

Con el paso del tiempo la razón de hacer algo va cambiando. Probablemente la motivación, pasada determinada edad, solo se sostiene en tanto en cuanto hacemos cosas por otros. Ese es uno de los grandes peligros de la soledad. No tener nadie de quien preocuparse. Dejarse. Caer en la desidia más absoluta.

Uno se obliga a madrugar porque tiene que sacar al perro. Se caga en el perro, en el frío y en todo. Pero al final se alegra de tener un perro que agradece que lo paseen.

Uno se obliga a ir al veterinario porque el gato se clavó no se qué persiguiendo grillos por el jardín. De otra manera, puede que prescindiese de la civilización, de coger el coche a las tantas, de ir hasta la quinta moña. Pero por el gato lo que sea.

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Granada & Humboldt

26 Noviembre, 2016 / Relatos, Reseñas / 0 Comentarios

El tren, despiadadamente lento, serpentea entre las formaciones acarcavadas del desierto de Tabernas. Cuando los temporales tienen a bien instalarse en esta parte del país, el paisaje, decolorado por el sol, adquiere matices insospechados. Llueve y la escorrentía se afana por profundizar los rasgos de un paisaje que parece sumamente deleznable.

La revisión oftalmológica ha ido a caer en un día gris de noviembre. Una de esas jornadas desapacibles que fomentan el consumo de unas buenas migas alrededor de una lumbre y echan por tierra el concepto que los turistas tienen de la provincia. En Almería también puede hacer un frío del carajo.

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La zona negra

11 Noviembre, 2016 / Sin categoría / 1 Comentario

A finales de los ochenta comenzaban a abrir en Madrid las primeras franquicias de McDonalds. Los chavales de aquella época recibíamos aquello algo deslumbrados ante la posibilidad de saborear el american way of life que veíamos en las películas. Los yanquis exportaban su cotidianeidad a todo el mundo a través del cine y lo convertían en un producto de mercado que deseábamos consumir para parecernos al protagonista de una peli.

Queríamos pedir hamburguesas, patatas fritas y cocacolas enormes cargadas de hielo (eso era muy, muy americano) y llevárnoslo todo en una bolsa de papel, crujiente, arramblando con el máximo de sobrecitos de kétchup y mayonesa. Éramos fácilmente seducibles.

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Truco o trato

31 Octubre, 2016 / Relatos / 3 Comentarios

La soledad elegida es una de esas exquisiteces que ofrece el mundo occidental, el que llamamos desarrollado. Independencia ante todo. Independencia ganada a base de lucha de clases, del avance del laicismo, de la exclusión de las supersticiones. Soledad para realizarse y adornarse.

Los ratos de soledad elegidos son impagables remansos de paz. Pero la soledad extrema da pavor.

La soledad extrema da unos mordiscos que, cuando tienes fuerzas y ánimo, te sacan de la casa y te hacen desplegar una actividad inusitada. La soledad como motor creativo. La soledad que te lleva a ser el invitado perfecto. Encajas en todos los planes; cualquier cosa te parece bien: dormir de prestado en un colchón; morar en el techo de un jeep; acampar al pie de una caravana donde descansa tu amigo y toda su familia; eres el tipo gracioso que hará reír a los niños durante el desayuno.

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Mi pequeña cirujana

8 Octubre, 2016 / Sin categoría / 2 Comentarios

Mientras mi pequeña cirujana se prepara para la operación yo escribo en la cafetería del hospital. Ha estudiado el caso, consultado alguna referencia. Ha discutido detalles con sus colegas. Guantes, mascarilla. La asepsia del quirófano va a juego con unos ojos atentos y vigilantes.

Las diferencias entre ambas situaciones son obvias. Ella salva vidas. Yo trato de salvar mi alma.

Después de muchos días de vacío, de ir en el coche sin rumbo, las cosas empezaron a cambiar.

Salía de casa sin ninguna certeza. Decidía en la rotonda si ir a escribir, dar una vuelta por la ferretería o lavar el coche. Es decir, que no decidía nada. Todo era tan casual que el último pálpito, justo antes de afrontar la rotonda, determinaba los acontecimientos. Estaba a la deriva.

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¿Tradiciones respetables?

24 Septiembre, 2016 / Sin categoría / 1 Comentario

La lectura de El hambre[1], de Martín Caparrós, me ha dejado muchos cabos de los que ir tirando. Se trata de un ensayo en el que se van alternando los principales escenarios de hambre en el mundo ─Sudán, India, Madagascar, etc.─ junto a reflexiones que ahondan en los distintos factores que intervienen en el problema. Esta mezcla de literatura de viaje, periodismo y ensayo la bordaba Kapuściński y Caparrós no desentona.

Una de las anécdotas que más me llamó la atención tiene que ver con las tradiciones y me llevó a pensar sobre la respetabilidad de algunas de ellas. Cuenta Caparrós lo complicado que es ser viuda en la India. Cuando moría un señor, la tradición (llamada sutee), indicaba que había que quemar a la viuda con él. Los ingleses, esos bárbaros extranjeros llenos de rarezas, opinaban que era una cosa fea, eso de quemar señoras. Ni cortos ni perezosos aquellos invasores decidieron prohibir la tradición. Algo que llevaba siglos funcionando se terminó en 1830 por decreto.

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Cascajales y lagunas

12 Septiembre, 2016 / Relatos, Sierra Nevada / 0 Comentarios

Para explicar cómo se tritura una montaña, qué fuerzas son capaces de atomizar compactos peñones de sólida roca, hemos de recurrir al frío y al tiempo.

Por un lado están los glaciares, formidables espesores de nieve que bajo su propio peso colapsan hasta convertirse en acerado hielo que, deslizándose a favor de pendiente, se llevan por delante cualquier obstáculo. Son una especie de gigantescos bulldozers que arrancan rocas y socavan el terreno, exagerando hasta la caricatura la topografía original. Tras unos miles de años operando desfiguran el paisaje, generando un territorio lleno de discontinuidades, desniveles y hondonadas.

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Sine agricultura nihil

16 Agosto, 2016 / Relatos / 1 Comentario

A todos mis amigos de Agrónomos.

De una vez a otra la ruta no cambia. El paseo que me lleva desde Moncloa hasta la Escuela, la de Ingenieros Agrónomos, se ha consolidado con el paso de los años. Nada más salir del Intercambiador afloran los recuerdos de un pasado que es como un pecio a dos mil metros de profundidad. Reconocible, entrañable, congelado en el tiempo, pero que se disolvería al menor contacto, al tratar de reflotarlo.

El paso de los años, ya de las décadas, me saca una sonrisa conciliadora al evocar tantos momentos de angustia en aquellas aulas. No era para tanto. Tendemos a sobredimensionar las emociones negativas. Me recuerdo serio y responsable, alerta, siempre en guardia. Los futbolines en los bajos de Argüelles, los viernes por la tarde, eran la válvula de escape. Allí nos juntábamos a hacer piña, a compartir fracasos sentimentales, suspensos y exámenes que estaban a la vuelta de la esquina y ya no nos daba tiempo a estudiar. Las noches de los viernes eran una dulce tregua, un refugio fugaz, entre una dura semana y las tareas que nos acosaban, el deber de acometer montañas de apuntes y ejercicios que nunca llevaríamos al día.

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